Ya eres uno más

SEAS BIENVENID@

Los Salvatorianos en el Ecuador te damos un grato saludo y te invitamos para que no sea tú primera visita, sino que ésta te anime a regresar.

Nos gusta mucho compartir contigo nuestro caminar y nuestra fe, nos gustaría contar con tus comentarios y con tus palabras de aliento.

Que la fe en nuestro Dios Trinidad nos una cada día más, que juntos podamos entregar la buena nueva a todos y de todas las formas que el amor de Cristo inspire a los que aún no lo conocen. Bienvenid@

DESEO SALVATORIANO

Tomando las palabras de Juan les decimos:
"Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.".

1 Juan 1, 1-3

sábado, 19 de mayo de 2012

La Mujer también nos deja ver a Dios


Siempre hemos tenido en nuestra mente que Dios es el Padre, más aún el mismo Jesús le llamaba “Abbá, Padre” (Marcos 14, 36) y nos enseñó a orar diciendo “Padre Nuestro” (Mateo 6, 9). Y unido a esta idea de Padre está el hecho de que Jesús se encarnó varón; de esta manera al pensar en Dios lo relacionamos fácilmente con la personalidad masculina que con la femenina.

Por esta razón podríamos preguntarnos, ¿Dios es él o ella? Y al respondernos tendríamos que decir que Dios es él y es ella, también ninguno de los dos; pues nuestro lenguaje encasilla de tal manera que desvirtúa lo que es “él o ella” como desvirtúa lo que es “padre y madre”. El lenguaje no puede absolutizar lo que es Dios, ya que el lenguaje es limitado, pero sí debemos complementar lo que entendemos como “él o ella” o como “padre o madre” para cuando hablamos de Dios.

Tengamos presente que al crear Dios la humanidad la creó a su “imagen y semejanza” (Génesis 1, 26-27), varón y mujer fueron partícipes de lo que Dios es, todos tenemos algo de Dios, lo que nosotros tenemos por separado en Dios está unido. Por ello también la mujer tiene algo que decirnos de Dios, pues Dios le ha compartido algo de lo suyo que no lo compartió con el varón. Eh ahí que las buenas relaciones de varones y mujeres hacen posible la plenitud de Dios en medio del resto de la creación.

Muchas de las cualidades que manifiesta la mujer, y que poco vemos en el varón, han sido perpetuadas en las sagradas  escrituras como propias de Dios, entre algunas podemos rescatar: la ternura[1],  la sensibilidad ante el que sufre[2]; el vínculo con los hijos[3]; el dar todo por su creatura[4]; el reprender para educar[5] y el proteger con todo a sus seres querido reuniéndolos como la gallina bajo sus alas[6].   


[1] Salmo 25, 6; 116, 5;
[2] Isaías 66, 13; Apocalipsis 5, 1-4
[3] Isaías 49, 14,15
[4] Oseas 11, 1, 8
[5] Jeremías 31, 20
[6] Lucas 13, 34

lunes, 7 de mayo de 2012

La Mujer en el Proyecto de Dios


Dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. (…)  Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Varón y mujer los creó”. (Génesis 1, 26-27). Así descubrimos que la dignidad de la mujer, como la del varón, es propia de su naturaleza, por ser creación de Dios a su imagen y semejanza. “La humanidad es descrita aquí como enunciada, desde su primer origen, en la relación de lo masculino con lo femenino.”[1] No existe diferencia de dignidad sino una relación de complementariedad. Dios nos ha creado y nos ha dejado participar de su imagen y semejanza tanto a varones como a mujeres. Tal complementariedad la podemos comprender claramente, cuando el libro del Génesis nos afirma que Dios creó a la mujer como respuesta al sentimiento de soledad del varón: “El hombre no se encontró con ninguna ayuda adecuada” (Génesis 2,20).  Así Dios responde generosamente a la soledad del varón con la presencia de la mujer, pues “Es necesario que entre en relación con otro ser que se halle a su nivel. Solamente la mujer, creada de su misma «carne» y envuelta por su mismo misterio, ofrece a la vida del varón un porvenir”[2].

Tal regalo de igualdad entregado al pueblo de Israel, para toda la humanidad, es ratificado por Jesucristo y proclamado por San Pablo, cuando afirma que “Todos los bautizados en Cristo han sido revestidos de Cristo: ya no hay (…) ni hombre ni mujer” (Génesis 3, 27-28). Enseñándonos así que quien ha sido bautizado en la Verdad de Dios debe superar cualquier rivalidad, enemistad o violencia de sexo, pues todos somos iguales.


Los cristianos estamos llamados a buscar cada día vivir en condiciones de igualdad, en la diferencia de los roles sexuales, sin buscar activismos feministas o machistas, sin encasillar a la mujer a la maternidad como único fin de realización femenina o llegar al otro extremo de imponerle un rol social que quizá ella no desea desempeñar. La verdadera complementariedad se da cuando las personas se sienten libres y respaldad por los suyos en los actos que hace a la luz de la única Verdad: Jesús.



[1] Joseph Card. Ratzinger, Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y el Mundo, Roma, 2004, No 5. 
[2] Ibis, No 6 

jueves, 3 de mayo de 2012

¿Qué tengo que hacer para ganar la vida eterna? (Marcos 10, 17)


    Quizá no nos hemos hecho esta pregunta, porque posiblemente estamos seguros que tenemos la vida eterna, o sencillamente no nos hemos preguntado por ella porque estamos muy acomodados aquí en esta tierra. Pero resulta necesario que nos sintamos interesados por la vida eterna, por el solo hecho que será eterna, será nuestro siempre.

     Para la vida eterna no basta ser solamente cumplidor de la ley o de los mandamientos; en nuestra vida cristiana, no sólo es necesario el cumplimiento de las misas dominicales, la celebración de los sacramentos o participar en encuentro litúrgicos piadosos, pues eso hacía el joven rico del evangelio y parece que no le era suficiente, todavía le quedaba la duda de poder alcanzar la vida eterna (Cfr. Marcos 10, 19-20). Por ello “Jesús, fijando su mirada en él, lo amó y le dijo: ‘una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme’. Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.”  (Marcos 10, 21-22).

    El conflicto de este personaje bíblico no son “los muchos bienes que tenía”, pues no es negativo o perjudicial tener mucho bienes, el conflicto radica en su apego a esos bienes. Sus bienes, ya no eran para él un medio para vivir mejor, ya se habían convertido en su fin último, había puesto la esperanza de su felicidad y su realización en ser poseedor de esos bienes, pensaba que si se los quitaban su vida terminaría.

    No debemos aferrarnos a lo pasajero, a lo que pronto termina. Todo eso está allí para que tengamos bienestar en este mundo. Pero Dios lo creo para todos y nos pertenece a todos, por ello si alguno alcanza más debe compartir con aquel que no ha logrado mucho. Compartir nos permite tener presente que todo cuanto tenemos no es el tesoro para de nuestra vida.

     Tengamos siempre presente que “donde esté el tesoro, allí estará también el corazón” (Mateo 6, 21). Si nuestro tesoro son las comodidades de este mundo y lo pasajero que el mundo ofrece, estamos destinados a la desdicha eterna y no a la vida eterna, es necesario aceptar “la tijera” que Jesús nos ofrece para cortar con todo lo que nos ata a este mundo. 

domingo, 8 de abril de 2012

Ser Cristiano

La vida del cristiano está sostenida e iluminada en Cristo, por ello no puede desvincular de su ser el amor, la verdad y el sufrimiento. Pues por amor se dice la verdad y por defender la verdad se acepta el sufrimiento.
El cristiano debe tener en cuenta que es una “vasija de barro” (cfr. 2Cor. 4, 6-7), es decir que es pura fragilidad, pero que es allí, en su vida, dónde Dios ha querido confiar desde el bautismo su “tesoro”, que es Jesucristo. Cada bautizado se le ha encomendado ser luz del  mundo, porque la Luz ha llegado a su vida.

Y la primera señal de haber recibido la Luz es el amor. El Señor mismo lo afirma: “En eso conocerán todos que son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a otros” (Juan 13, 35), y el apóstol nos recomienda “Permanezcan en el amor fraterno” (Hebreos 13, 1). Y el amor nos impulsa a reconocer la verdad y no sólo la ley: “Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo” (Juan 1, 17), así que los cristianos debemos decir con el apóstol Pablo: “Digo la verdad en Cristo, no miento” (Romanos 9, 1), pues es la única manera de “ser realmente discípulos de Jesucristo, conociendo la verdad y dejando que la verdad nos haga libres” (cfr. Juan 8, 31-32).

Ahora bien, todo eso es fácil vivirlo en medio de quienes aceptan la propuesta, pero nos encontramos en un mundo donde muchos no comprenden, ni mucho menos quieren aceptar la propuesta del amor y la verdad. Es allí donde el apóstol Pedro nos dice: “¿Qué merito tiene aguantar golpes cuando uno es culpable? Pero si, haciendo el bien, tienen que aguantar sufrimientos, eso es una gracia de Dios” (1Pedro 2, 20). El sufrimiento por custodiar el amor y la verdad tiene sentido y nos asemeja más a Jesús. Pues a él, que recibió muchos maltratos y burlas y murió en la cruz, luego de todo ese sufrimiento el centurión le reconoció “ciertamente este hombre era justo” (Lucas 23, 47).

Pero al igual que Jesucristo todo cristiano que acepte vivir el amor y la verdad debe asumir el sufrimiento, con la esperanza que llegará la resurrección, que es la vida eterna.    

sábado, 7 de abril de 2012

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

Hoy la Iglesia universal está de fiesta, nuestro corazón está hinchado de infinito amor, ya que Dios lo  ha rebosado sobre la humanidad.

El amor de Dios es tan grande e infinito que nos sentimos llenos de esperanza. Hoy nosotros hacemos propias las palabra del Apóstol Pedro, que sin temor pero sí con seguridad catequiza a Cornelio, un hombre bueno, un gran filántropo, pero que carecía de la presencia de la verdad revelada, Jesucristo.

Es misión de los apóstoles anunciar “a tiempo y a destiempo” la verdad que ha bajado del cielo. Que nadie se quede sin conocer y amar al verdadero Dios y a su enviado Jesucristo para que así todos juntos podamos servirle.

No anunciamos la historia de un mito o una gran leyenda, anunciamos la verdad que “pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”. Somos herederos de lo que fueron testigo los apóstoles; y al igual que ellos nosotros, por el llamado a la familia Cristiana,  recibimos un encargo: “Nos encargó predicar al pueblo y atestiguar que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos.”. Esa es nuestra misión, anunciar y atestiguar la verdad.

Y la verdad, que se hizo carne, es el agua viva que baño a la humanidad de plena dignidad.

Por ello anunciamos y atestiguamos, que por más que aquella verdad fue y sigue siendo rechazada y crucificada, es la única verdad que da vida y la da en abundancia. Él ha vencido todo enemigo de la verdad con su resurrección, en él encontramos el sentido de la vida verdadera, que no es la perecedera y corruptible, sino que es la eterna y espiritual.

Jesús ha resucitado y con su resurrección nos dice que el mal y todos sus frutos no tienen la última palabra, también nos dice que no hay un fin sino una plenitud del ahora junto a la Santísima Trinidad.

Queridos hermanos que podamos gritar al mundo que la realidad humana ha sido dignificada por aquel “que pasó haciendo el bien” y que nos llama a la vida imperecedera porque nos ha abierto sus puertas.

¿Vida o Muerte?

Al encontrarnos en una época en la que el progreso se nos muestra como una gran herramienta para lograr la plenitud humana, pudiéramos pensar que también es una gran amenaza para cada varón y mujer,  por ende para cada familia y sociedad. ¿Quiere decir esto que el progreso es negativo o poco favorable para la humanidad? De ninguna manera; todo progreso es positivo y muy favorable, pero la prioridad que le damos es la que nos causa grandes dolores.

El hombre no puede renunciar a sí mismo, ni al puesto que le es propio en el mundo visible, no puede hacerse esclavo de las cosas, de los sistemas económicos, de la producción y de sus propios productos. Ya que el progreso se trata del desarrollo de las personas y no solamente de la multiplicación de las cosas”[1]

Estos dos caminos que se nos proponen hoy “la cultura de la vida” o “la cultura de la muerte” nos hace preguntarnos ¿vida o muerte? ¿qué queremos para nosotros y para los que vienen tras nosotros?  Y muy seguramente la respuesta inmediata y sincera, que nace del deseo más profundo, es la vida. Todos queremos vida. Pero preguntémonos de nuevo ¿produce vida lo que realizamos cada día, nuestras decisiones, nuestros diálogos, nuestras preferencias?

La vida es aquella que tiene plenitud, es la que nos deja vivir el hoy con lo necesario y nos promete la vida eterna (cfr. Lucas 18, 29,30), pues no hay plena vida aquí sin pensar en el allá. Vida terrena y eterna son una sola. Por ello Jesús se hizo hombre y venció la muerte con su resurrección, ya que él ha “venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10, 10).

De esta manera solo cuando nuestra existencia terrena está iluminada en Jesús y proyectada en la eternidad podemos hablar de verdadera VIDA; de lo contrario, si nos aferramos a lo efímero y superficial, estamos anclados en la muerte. 


[1] Encíclica El Redentor del Hombre, Juan Pablo II, 1979, No 16

jueves, 5 de abril de 2012

El encuentro con Jesús de Nazaret

El evangelista Mateo pone en palabras de Jesús un interrogante muy profundo para nuestra existencia humana: “Pues ¿de qué le servirá al hombre ganarse el mundo entero si arruina su vida?” (Mateo 16, 26). Este interrogante es profundo porque cada día y en cada momento la publicidad nos está invitando a ganarnos el mundo siendo dueños de cuánta novedad va saliendo. Toda propaganda nos promete que la felicidad y la vida verdadera están en tener el nuevo aparato electrónico, el nuevo auto, la nueva tecnología o cualquier otra novedad.

Y ante la variedad de propuestas de consumo nos encontramos con la pregunta de Jesús ¿De qué te sirve tener todo eso, si arruinas tu vida?, e inmediatamente podríamos preguntarnos ¿qué es la vida entonces; si no es la satisfacción que nos produce lo que logramos comprar o adquirir. Si no es la comodidad que nos da las nuevas tecnologías. Si no es el lugar que logramos alcanzar cuando somos dueños de algo nuevo; qué es la vida?
La vida es el encuentro con Jesús de Nazaret, con el Dios-Hombre, con aquel que recorrió por los caminos polvorientos de Palestina, quien predicó la verdad y vivió en obediencia. La vida se da en el encuentro con la Persona de Jesús. Por ello quien se encuentra con él lo comparte con sus amigos: “«Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.». Le respondió Natanael: « ¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.»” (Juan 1, 45-46).

El encuentro con Jesús interpela nuestro modo de vivir, cuestiona nuestras preferencias y nos educa para vivir mejor. Su voz siempre nos anima e ilumina: “Estén atentos y cuídense de cualquier codicia, por más rico que uno sea, la vida no depende de los bienes.” (Lucas 12, 15).

De esta manera, al ser él la vida, estamos llamados a escuchar su voz que buscará siempre nuestra felicidad y nuestra realización. Jesús, que es el Dios-Hombre, “trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo uno de nosotros”, y siendo uno de nosotros sabe y entiende de nuestras necesidades humanas. Lo maravilloso de escucharle y  acoger sus enseñanzas es que su sabiduría es divina, y esa sabiduría nunca se equivoca.  

jueves, 29 de marzo de 2012

Yo hago parte de la salvación

Ya lo afirmaban los santos padre en el Concilio Vaticano II con estas palabras: “Dios se hace hombre para que el hombre se haga Dios por la gracia y participe en la vida divina”. De esta manera el cristianismo compromete al hombre, con toda su realidad natural, en su salvación; no es la fe en un dios que espera ofrecimientos profundos y repetitivos para saciar su furia o responder a su criatura, sino que es la fe en el Dios que humaniza para que vivamos desde lo que nos ha concedido como su creatura más amada y desde esa realidad creada participemos de su salvación.

Desde esta perspectiva el cristianismo puede darle una respuesta profunda al pensamiento moderno que ve en la esencia humana todo la realización del hombre, pero claro está esencia fue creada por Dios que la revela en su propia persona. Por tanto, “Al desconocer al verdadero Dios y su verdadera salvación (en la revelación), la religión ha pervertido la trascendencia, porque ha hecho de ella un clima viciado y ha condenado al hombre, en un mero reflejo de supervivencia, a librarse de la asfixia”[1]

No fuimos creados para estar atados, esclavizados, asfixiados, sino para estar junto con Dios de tal manera que la vida sea una eucaristía, “Pues ustedes –nos dice San Pablo- no han recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que han recibido un espíritu de adopción como hijos, por el cual clamamos: ‘¡Abba, Padre!’”    (Rm. 815). Ante estas palabras, nos podríamos preguntar ¿qué nos queda a nosotros como creyentes? Y podríamos concluir diciendo: “Es necesario que confiemos en la Divina Providencia, como niños en su nodriza; y cumplamos nuestro deber…”, estas palabras del padre fundador de los Salvatorianos, P. Francisco Jordán, no deja descubrir las dos grandes verdades de la salvación: confianza en Dios y cumplimiento del deber.


[1] VARONE, François, El dios “Sádico”, Ed. Sal Terrae, Santander, 1988, pág.  16

martes, 27 de marzo de 2012

Juventud Salvatoriana

El día 25 de marzo los jóvenes que participan de la pastoral juvenil salvatoriana de las parroquias San Pedro de Cumbayá y María Madre de la Iglesia de Miraflores, han tenido un encuentro-retiro junto con los estudiantes Milton SDS y Alejandro SDS. 

El encuentro-retiro tuvo como finalidad fortalecer la relación de los jóvenes con Jesús de Nazaret. Fue toda una jornada de adoración al Santísimo, reflexión y meditación, como también tiempo de recreación. Los jóvenes vivieron momentos muy personales en los que buscaron la cercanía con el Señor Jesús. 

Ponemos en manos del Señor la vida de cada uno de ellos, pidiendo al buen Dios que aquello que ha sembrado en su corazón y mente sea fecundo para el bienestar de la Iglesia y la sociedad. 


Fueron 48 jóvenes los que se dieron cita con el Señor Jesús

Junto al Santísimo oraron 

Escribieron sus propósitos 

Meditaron 




Pidieron a María que les concediera mayor cercanía al Señor


Comulgaron buscando formar un sólo cuerpo, el de Cristo



Y se recrearon 




Recuerdo con los nombres de cada uno de los participantes
y las palabras del Señor en el evangelio de Juan

Recuerdo del I Retiro Juvenil Salvatoriano-Ecuador, 2012

sábado, 24 de marzo de 2012

La Limosna en la Vida Cristiana

En nuestro entorno social la acción de dar o recibirla limosna es vista de una forma negativa o humillante. Pero como cristianos estamos llamados a darle el sentido que tiene y el valor que nos invita a proporcionarle la revelación de Dios.

La palabra limosna tiene su origen en la palabra hebrea sedaquá, que significa JUSTICIA. Es utilizada en el Antiguo Testamento como la acción del pueblo de Israel, enviada por Dios, para rescatar aquellos que sufrían necesidades materiales. Da tu pan al hambriento y tu ropa al desnudo. Da de limosna cuanto te sobre y no seas tacaño en tus limosnas” (Tobías 4, 16).
Ya en el Nuevo Testamento la limosna es una acción que Jesús alba: Sentado frente a las alcancías del templo, observaba cómo la gente depositaba su limosna. (…) Llegó una viuda pobre y echó unas moneditas de muy poco valor. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos los demás. Porque todos han dado de lo que le sobra pero esta, en su indigencia, ha dado cuanto tenía para vivir” (Marcos 12, 41-44). Como también la practicaba: Algunos pensaron que como Judas tenía la bolsa, Jesús le había encargado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres” (Juan 13, 29).

De esta manera las sagradas escrituras nos muestran que dar la limosna a los pobres es una acción sagrada, una acción que viene de Dios, tiene su obligación divina. En el momento en el que compartimos de lo que tenemos, nuestro dinero, nuestros bienes, nuestros conocimientos, nuestra vida, estamos haciendo presente la JUSTICIA que Dios quiere entregar a todos los hombres. Ser pobre o rico no es voluntad de Dios, pero ser justos, compartiendo lo que la vida  nos ha permitido tener es una acción de fidelidad al seguimiento cristiano. Siempre recordando que al dar limosna “la mano izquierda no debe saber lo que hace la derecha; de ese modo tu limosna queda escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará” (Mateo 6, 1-6).      

viernes, 16 de marzo de 2012

La Oración que agrada a Dios


Un privilegio maravilloso disfrutado por los hijos de Dios es la oración... Por medio de la oración podemos recibir misericordia y gracia para ayudar en tiempos de necesidad – Heb 4:14-16, Por medio de la oración podemos encontrar la paz que guarda nuestros corazones y mentes – Fil 4:6-7
Pero… ¿Cuál es la oración que agrada a Dios?

LA ORACION OFRECIDA “PARA SER VISTO POR DIOS,” NO POR LOS HOMBRES... Esta es la idea principal de “la oración en secreto” – Mt 6:6, “El adorador sincero y humilde, alguien que no está interesado en hacer una oración pública por el amor de Dios o realzando su prestigio, encontrará el rincón o el lugar apropiado para sus devociones.” 

LA ORACION QUE ES OFRECIDA “PARA SER OÍDA POR DIOS,” Evitando el uso de “vanas repeticiones” – Mt 6:7 Puesto que nuestro Padre conoce las cosas que necesitamos antes que se las pidamos,” nuestras oraciones no tienen que ser llenadas con palabras superfluas  ¿Hemos notado siempre la brevedad de las oraciones registradas en las Escrituras? ¡Dios no se inclina por la cantidad de las palabras, sino por la calidad de los corazones!

Finalmente en la Escritura encontramos pasajes donde la Oración no solo es petición sino alabanza por paso de Dios en la vida del hombre salvándolo, es el caso del ciego de Jericó, al ser curado, dice el Evangelio, iba “alabando a Dios. Y toda la gente que lo vio también alababa a Dios” (Lc 13, 43). El tullido, curado por Pedro y Juan, en el atrio del Templo, entró “andando, saltando y ALABANDO a Dios”. Tanto el ciego como el tullido habían experimentado la salvación de Dios y, por eso, no terminaban de alabar al Señor, y su alabanza inducía a los demás a unirse a su oración de gratitud a Dios.

La esencia de la oración de alabanza estriba en la experiencia de la salvación de Dios, de sus beneficios, de su misericordia, de su salvación. El cristiano, que ha sido salvado, que ha recibido innumerables dones de Dios, que ha sido múltiples veces perdonado y sanado debe sentir la necesidad de alabar a Dios.

En esencia nuestra oración nos debe sacar de nuestro egoísmos para proclamar la grandeza de Dios en nuestra vida, que parte de dejar a Dios ser Dios en nosotros, es por eso que cuando Dios está no sólo en la mente, sino sobre todo en el corazón, no queda otro camino que tener la boca “llena de alabanzas a Dios en todo momento”.

lunes, 12 de marzo de 2012

Mons. Wilson Abraham Moncayo Jalil

Este 12 de marzo de 2012, a las 2 am, ha partido al encuentro con el Padre Celestial el Obispo de Santo Domingo de los T'sachilas-Ecuador. Por intersección de la Santísima Virgen María pedimos misericordia a Dios Trinitario para que lo acoja en su seno, en la "ciudad divina". 
Agradecemos a Dios por su servicio y su entrega a la Iglesia desde su ministerio sacerdotal, como párroco y como obispo. Bendito sea Dios por los frutos de su trabajo. Hoy pedimos paz en la casa del Padre. 
Los Salvatorianos nos unimos a su familia y sus hijos espirituales: sacerdotes, seminaristas y fieles de la Diócesis de Santo Domingo de los T'sachilas.  


viernes, 9 de marzo de 2012

El ayuno que Dios quiere… del ensimismamiento a la apertura hacia el otro

En preparación para esta cuaresma, la Iglesia nos recuerda la necesidad de ayunar.
Pero ¿Qué es el ayuno?

El ayuno tiene que ver con el dominio de sí mismo, con el esfuerzo, con el sacrificio. La Iglesia lo considera fundamental para irnos preparando mejor en este itinerario cuaresmal hacia la Pascua. Es verdad que nuestra sociedad cada vez le da menos importancia. Pero no deja de tener grandes consecuencias humanas y espirituales para los cristianos.

El derroche, la frivolidad, el consumismo exacerbado, estas actitudes revelan que estamos imbuidos de nosotros mismos. Esta forma narcisista de ser nos aleja de los demás. En el fondo hemos caído en el tópico popular: a vivir bien que solo son dos días. Estamos volcados a lo efímero, a lo inmediato, es decir, al aquí, ya y ahora. Ni los demás, ni Dios les importan, solo importa el presente. El ayuno, como lo entiende la Iglesia, tiene que ver con un cambio profundo de conducta que nos lleve a ser más solidarios con los pobres, pero sobre todo es una conversión que cambia radicalmente nuestra vida. Solo así practicaremos el ayuno que Dios quiere.

El profeta Isaías describe muy bien el significado bíblico del ayuno. Le da un sentido ético y social Is 58, 5-9.  Dice el profeta: ¿Creen que el ayuno que me agrada consiste en afligirse?, ¿en agachar la cabeza como un junco y en acostarse con ásperas ropas sobre la ceniza? ¿Esto es lo que ustedes llaman “ayuno” y “día agradable al Señor”? De Isaías se desprende que ayunar es acompañar al que sufre, compartir con el que no tiene, solidarizarnos con los más necesitados, estar al servicio de los más débiles. Ayunar es transformar en gestos de caridad nuestras obras, es decir, hacer obras de misericordia. Ayunar es sacar fuera toda la bondad que llevamos dentro.

Y esto sanará nuestra vida, en cuerpo y alma… y nosotros ¿Cómo ayunamos?

jueves, 8 de marzo de 2012

DÍA DE LA MUJER



En este día especial para todas las mujeres del mundo queremos, los Salvatorianos del Ecuador, saludarles y desearle lo mejor de la vida. Aunque la ONU declaró en el año de 1977 el 8 de marzo como día internacional de la mujer, queremos recordarles que ya Jesús de Nazaret dignificó a la mujer hace más de 2000 años atrás. Él reconoció el valor de la mujer como creatura e hija de Dios. Ya el Verbo Encarnado le había dado un lugar en la sociedad y le había concedido igualdad. 

Querida mujer sienta siempre el amor que Jesús quiere entregarte por tu compromiso, por tu amor, por tu servicio, por tu ser de mujer. Dios te amó, te ama y te amará.  

viernes, 2 de marzo de 2012

Cuaresma… camino de reconciliación y solidaridad

Queridos hermanos y hermanas nos estamos acercando a un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual intenso, la cuaresma; por eso les invitamos a que este año logremos darle el sentido que merecen estos 40 días que a partir del miércoles de ceniza contaremos hasta la Pascua.

La cuaresma no solo deben ser signos externos sino que junto con ellos debemos entrar en la dinámica de tomar en serio nuestra vida y de cómo la vamos llevando, para dejar que Dios sea Dios en nuestra historia y así alcanzar en el camino de la conversión la reconciliación no solo con nosotros mismos sino con los demás, en un clima de fraternidad y tolerancia, para salir al encuentro y escucha de los menos favorecidos de nuestra comunidad.

Es por ello que la cuaresma se convierte en un tiempo providencial en un camino que nos invita a reconocer que Dios tiene tanto amor por nosotros que siempre nos está llamando, pues conociendo nuestra fragilidad nos impulsa diariamente a que nos levantemos con mayor fuerza para seguirle solo a Él. Que esta cuaresma que se avecina podamos decirle a nuestro Dios ¡SEÑOR, HABITA MI ESPACIO, DAME TU MIRADA Y ENTRAÑAS DE COMPASION!

martes, 28 de febrero de 2012

Parroquia Corpus Christi, Manta

Con alegría y mucha esperanza en que el proyecto pastoral del Padre Francisco Jordán cada día va creciendo, los Salvatorianos en el Ecuador emprendimos nuestra presencia en la ciudad de Manta. Agradecidos con Monseñor Lorenzo Voltolini, Arzobispo de Portoviejo, por su cordialidad y su apertura para nuestra misión en su Arquidiócesis, hemos recibido la nueva Parroquia Corpus Christi. 

El Padre Luís Fernán Rivera SDS será su primer párroco y para esta misión lo acompañará el Hermano Alfonso Pedraza SDS junto con el Fr. Antonio Cerón SDS. En comunidad Salvatoriana trabajarán para que todos los feligreses puedan recibir la más completa y calurosa atención Cristiana. Ellos no descansarán hasta que todos conozcan, amen y sirvan al único Dios y a su enviado Jesucristo. 

La Parroquia Corpus Christi fue erigida por el Arzobispo de Portoviejo el día 26 de febrero de 2012, día en el que hizo posesión al Padre Luís Fernán SDS como párroco.   

Confiamos en la Divina Providencia para que todos los proyectos de la Sociedad del Divino Salvador sea un realidad en Manta. Contamos con la oración de Hermanos, Hermanas y laicos por esta obra que es de Dios. 

Templo Parroquia Corpus Christi

Centro: P. Luís Fernán SDS,
Derecha: Antonio Cerón SDS,
Izquierda:  Hno. Alfonso Pedraza SDS


En el momento en el que se inaugura la nueva Parroquia

Monseñor Lorenzo presenta a los tres hermanos salvatorianos a la comunidad parroquial

Los participantes de la celebración:
Salvatorianos estuvieron:
P. Juan  SDS , Superior provincial, P. Gustavo SDS, Ecónomo Provincial,
P. Bernardo SDS, P. Raúl SDS.
Y dos padres diocesanos: P. Geovani , Vicario  de Manta,
P. Luís, Párroco de la Paz, Parroquia de la que se desmiembra la parroquia Corpus Christi

Coro que animó la misa, pertenecen a la Parroquia Virgen de la Paz