Ya eres uno más

SEAS BIENVENID@

Los Salvatorianos en el Ecuador te damos un grato saludo y te invitamos para que no sea tú primera visita, sino que ésta te anime a regresar.

Nos gusta mucho compartir contigo nuestro caminar y nuestra fe, nos gustaría contar con tus comentarios y con tus palabras de aliento.

Que la fe en nuestro Dios Trinidad nos una cada día más, que juntos podamos entregar la buena nueva a todos y de todas las formas que el amor de Cristo inspire a los que aún no lo conocen. Bienvenid@

DESEO SALVATORIANO

Tomando las palabras de Juan les decimos:
"Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.".

1 Juan 1, 1-3

lunes, 17 de septiembre de 2012

¿Por qué María?


P.  Francisco María de la Cruz Jordán


“Profesen a María Santísima, una perfecta devoción, por medio de prácticas públicas y privadas por la extirpación de los defectos y por el ejercicio de las virtudes”, repetía una y otra vez el Padre Jordán a sus hijos espirituales. Él reconocía a la sencilla y humilde María como la maestra del discipulado, la que había acogido con generosidad y con prontitud el llamado que el Padre Celestial le había hecho. Esta era la motivación que tuvo en 1883 Juan Bautista Jordán para complementar su nombre religioso con el nombre María, Padre Francisco María.

Fue tal la devoción a María Santísima que la fundación de la Sociedad del Divino Salvador fue realidad en la fiesta de la Inmaculada Concepción, 08 de diciembre de 1881. El Padre Jordán encomendó siempre su proyecto de salvación a la Madre de Dios, solía decir con insistencia: “Orad… sin cesar y con gran confianza a la poderosa Reina del cielo para que podamos extender la salvación… y a fin de que cada uno de nosotros, lleno de espíritu apostólico y gran coraje, pueda acelerar el rescate del linaje humano que está en pecado y en error”. Tenía la piadosa costumbre de poner en la imagen de la Inmaculada Concepción, ante la cual siempre se arrodillaba a orar, papelitos escritos con las necesidades, materiales y espirituales, que tenía para el buen desarrollo y avance de la comunidad religiosa.

El Padre Francisco María dijo un día a sus hijos espirituales: “Quiero hoy imprimir en su corazón el rezo del Santo Rosario… Pero ¿cómo debemos rezar el rosario? De forma clara, atenta y devota, con atención como debe hacerse con cada oración.


Y el Buen Dios que sabe premiar a los suyos le concedió la dicha de ir a su encuentro el 8 de septiembre, fiesta del nacimiento de la virgen María, de 1918. 

Cada uno debe venerar a la Madre de Dios por las prácticas de las virtudes.

lunes, 10 de septiembre de 2012

¿Por qué Francisco?

P. Francisco María de la Cruz Jordán

El Padre Jordán guardaba una gran admiración religiosa a San Francisco de Asís, hombre que renunció a todas sus riquezas por entregarse de completo al servicio del evangelio y la construcción del Reino de Dios, acompañando y siendo uno de tantos pobres de la época. Por tal desprendimiento material y económico del pobrecillo de Asís fue que Juan Bautista Jordán decidió iniciar su nombre religioso con el nombre Francisco.    
El Padre Jordán veía en la pobreza el medio más acertado para seguir ciegamente al Señor; él siendo de un hogar muy pobre, que le costaba la sobrevivencia, fue un hombre que nunca se empecinó en aferrarse a lo material o al dinero. Tenía claro que tanto lo material como el dinero eran medios con los cuales podía servir mejor al Señor.
Por eso nunca la escasez fue un motivo para renunciar al llamado que recibió de Dios, servirle en la fundación de una gran familia: La Familia Religiosa Salvatoriana. Pues confiaba en que quien le había llamado no lo dejaría sólo. Solía decir con gran esperanza: “Deben ser hombres de confianza y de oración, emplear todos los medios permitidos. Deben hacerlo de esta manera: esperar todo de Dios, pero por otra parte también trabajar como si dependiera todo de su trabajo.”. La pobreza reflejada en la confianza y el desprendimiento, todo por el servicio.


Deseo que todos sigan al Divino Salvador en el sufrimiento como lo hizo San Francisco de Asís.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Venerable P. Francisco María de la Cruz Jordán, SDS


El 16 de junio de 1848, en Gurtweil-Alemania, en tiempos de una Europa revolucionaria, la segunda bendición para el matrimonio Jordán-Peter alcanza el gozo de la existencia en este mundo terrenal. El nacimiento de Juan Bautista Jordán, nombre que recibió en la pila bautismal, un día después de su nacimiento, será la alegría de don Lorenzo, su padre, y doña Notburga, su madre, la compañía de Martín, su hermano. Pero nadie sabía en ese momento que Juan Bautista trasformaría la historia de la Iglesia.

Este hijo de aquella Alemania descristianizada, entre luchas y sufrimientos financieros, alcanzará la gracia de Dios en el ministerio presbiteral, el 21 de julio de 1878 con 30 años de edad. Ya para este momento su espiritualidad a tomado una mirada de entrega a Dios, él dice: “Señor Jesucristo, decido y pretendo recibir hoy la sagrada orden del presbiterado para tu gloria y la salvación de las almas.  Toma y recíbeme como un perenne holocausto para Ti…  Infinitas gracias a Dios por toda la eternidad”.

Pero Dios tenía preparado para el Padre Juan Bautista Jordán algo más grande en el ministerio presbiteral. Dios lo había elegido “desde el vientre de su madre”, y le iba a dar “una gran descendencia” espiritual. Dios lo llamó, para que desde sus fortalezas y sus debilidades ofreciera a la Iglesia una gran familia que no descansará hasta que todos conozcan amen y sirvan al verdadero Dios revelado en la persona de Jesucristo. Esta gran misión revelada para el Padre Juan en las palabras de Jesús: “Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, único Dios verdadero y a tu enviado Jesucristo” (Juan 173), es conocida en el mundo entero como la Familia Salvatoriana.

Siendo el P. Juan el primero en recibir votos religiosos en la Familia Salvatoriana recibe el nombre de Francisco María de la Cruz Jordán. En este nombre, que él eligió, podemos descubrir su profunda espiritualidad y entrega a la voluntad de Dios. Francisco, hace honor a San Francisco de Asís, en quien reconoce la grandeza de abrazar la pobreza. María, venerando a la Santísima Virgen María, primera cristiana que enseña que la fidelidad es fundamental en el seguimiento de Jesús. De la Cruz, glorificando al Verbo encarnado que dejó que el amor reinara y los deseos humanos sucumbieran, pues “toda gran obra nace a la sombra de la cruz”, afirmará el P. Jordán. 

viernes, 17 de agosto de 2012

El Misterio de Dios


Cuando hablamos de misterio reconocemos que se trata de una verdad incomprensible porque excede nuestra capacidad racional como también comprendemos que es una presencia sobrenatural en los sacramentos.

De esta manera cuando hablamos del MISTERIO DE DIOS nos referimos a su verdad TRINITARIA y a su ACCIÓN SACRAMENTAL. Dios es la Santísima Trinidad: “Tres personas distintas pero UN solo Dios verdadero”, que actúa por medio de la Iglesia para concedernos su gracia santificante (Mateo 28, 19-20).

El Hijo

Por ser Jesús quien nos revela este misterio divino iniciaremos la meditación Trinitaria con Él. Su encarnación nos permitió conocer la verdad divina (Lucas 1, 30-35).

Jesús de Nazaret, el hijo de María e hijo adoptivo de José, no es un hombre que hizo cosas buenas, un sabio que supo guiar o un poderoso que logro sanar, Él es el “Verdadero Dios y Verdadero Hombre”, es el que siempre ha existido (Juan 1, 1), pero que en un momento de su historia se hizo uno de nosotros (Juan 1, 14). Y luego de pasar por este mundo haciendo el bien (Hechos 10, 38) retornó al lugar del que había venido junto con los suyos (Marcos 16, 19). 

Jesús vino para que nosotros tuviéramos claridad de la verdad (Juan 18, 37) y vida en abundancia (Juan 10, 10), pues Él es la luz que nos aleja de las tinieblas (Juan 12, 46). Para cuando nuestra vida esté en la plena luz y cimentada en la verdad logremos sentirnos en el Reino de Dios ((Lucas 17, 20-21). Y viviendo el Reino de Dios deseemos esa paz, alegría, sosiego eterno (Juan 6, 40).  Esta es la salvación que nos da, por eso Él es nuestro redentor.

El Padre

Es el creador del universo (Génesis 1, 1). Jesús nos revela a la Persona del Padre (Mateo 11, 27) y por eso nos motivó para que lo reconociéramos como “Abbá”, Padre, nos enseñó a hablar con Él (Mateo 6, 9). Nos invitó a cumplir la voluntad del Padre para brillar como estrellas (Mateo 5, 16). Ser fieles como el Padre ha sido fiel con su creatura (Mateo 5, 48). Actuar con sencillez y sinceridad de corazón (Mateo 6, 1. 4. 6.). Nos reveló que el Padre nos ama tanto que se preocupa por nuestras necesidades y que por eso nuestra primera preocupación debe ser construir el Reino de Dios (Mateo 6, 26-34). Y más aún nos insistió en reconocer el amor del Padre en el perdón porque así sabremos perdonarnos (Mateo 6, 14-15).

El Espíritu Santo

El Espíritu Santo es la tercera Persona de la Santísima Trinidad. Es quien realiza e ilumina la obra de Dios (Génesis 1, 2. 2, 7. Mateo 1, 18. Hechos 2, 3-4). Es la presencia divina que sostiene al Verdadero Hombre, Jesús, (Lucas 4, 18). Es quien nos permite nacer en espíritu (Juan 3, 5-6). Es la promesa del Señor Jesús para todos los bautizados (Juan14, 26) y el regalo del Padre a quien se lo pida (Lucas 11, 13). El Espíritu nos indicará qué decir (Mateo 13, 11). El Espíritu Santo es el que guía y sostiene la Iglesia y en ella a sus ministros les da el poder de transmitir la gracia santificante (Juan 20, 22; Hechos 6, 5, Hechos 8, 14-17; Hechos 9, 17. Hechos 28, 8.).

Por último no podemos olvidar que el único pecado no perdonado es el que va en contra del Espíritu Santo (Mateo 12, 32; Marcos 3, 29; Lucas 12, 10), por eso el Apóstol Pablo nos insistirá en no entristecer al Espíritu (Efesios 4, 30). 

viernes, 10 de agosto de 2012

La Reconciliación


Nos encontramos sumergidos en una sociedad que nos impulsa al egoísmo, al consumismo, al individualismo, al relativismo y al desinterés por el otro, realidad que sin darnos cuenta nos hace ofensores de nuestros seres queridos y de otras personas que están en nuestro entorno. Con mucha facilidad gritamos, maltratamos verbal o físicamente, eliminamos, ignoramos, despreciamos, criticamos, etc. Todo con tal de que mi yo crezca, de alcanzar lo que me propongo, de tener lo que quiero, de sentir que están a mis pies. Bien lo afirma el Papa Benedicto XVI en su saludo de cuaresma 2012: “¿Qué es lo que impide la mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás.”.

De esta manera ante una sociedad enemistada consigo mismo, con el prójimo y con Dios, por tener la mirada lejos de la verdad, nos urge una sincera RECONCILIACIÓN. Necesitamos un mundo que se construya desde el perdón.

La Vida
Mar 8:35-37  Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.  (36)  Pues ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?  (37)  Pues ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?

El Señor Jesús tiene claro que cuando el hombre se aferra a las cosas pasajeras y poco profundas está destinado a destruir su vida, Él nos propone una vida con sentido, la vida que se fundamenta en la verdad, en el amor, es decir, en la realización plena del hombre. Muchos ven esta propuesta como superficial, sin una meta, simple; y entonces se aferran a lo material, a los triunfos y a satisfacer sus deseos (tener, poder y placer), dejando de lado la propuesta de Jesucristo.

Y sin mirar la propuesta de Jesús ponen todas sus energías en alcanzar lo que supuestamente le concederá la felicidad; sin importar a quien tenga que hacerle daño, quien tenga que pagar sus malas decisiones o quien tenga que sufrir sus ofensas. El hombre egoísta destruye su vida, la de los otros y la relación con Dios. Pues todo parece que estuviera en contra de sí mismo. Va por el mundo estropeando proyectos de vidas ajenas. 

La Reconciliación
Existen tres sujetos a los que debemos perdonar en nuestra vida: a Dios, a los otros y a sí mismo. A Dios por todo lo que le hemos entregado como suyo y no lo es; a los otros por los momentos que con conciencia o sin ella le ofendemos, y a nosotros mimos por las malas decisiones que hemos tomado en la vida.

La reconciliación es el momento en el que purificamos nuestro corazón de rencores que hemos dejado reposar durante los días de nuestra vida; pero al perdonar no olvidamos, pues no se puede olvidar la ofensa recibida. Perdonar es tener la capacidad de recordar sin dolor. Hemos perdonado en el momento en el que asumimos la vida desde Dios. Y cada RECONCILIACIÓN es un acto de SALVACIÓN, por la sencilla razón que quien perdona ama y quien ama tiene a Dios y quien tiene a Dios vive en su reino.

Sacramento de la Reconciliación

Juan 20:21-23  Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»  (22)  Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.  (23)  A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

El evangelista Juan nos deja ver claramente que la reconciliación es una acción directa de la Santísima Trinidad: el Padre envía, el Hijo constituye la Iglesia y el Espíritu Santo actúa por medio de los ministros consagrados.

Cuando pensamos en el sacramento de la Reconciliación debemos tener en cuenta que no es la acción de un hombre al que le llamamos padre, sacerdote o cura, sino que es la misma Santísima Trinidad quien concede la gracia reconciliadora. Es un acto de fe y de confianza al misterio que Dios nos ha dejado en el seno de la Iglesia.

La reconciliación o confesión como se suele llamar no es una acción de compromiso o de deber cristiano, es un llamado a buscar constantemente vivir en la gracia de Dios, construir un mundo de paz y reconocer las malas decisiones y las equivocaciones cometidas.

jueves, 2 de agosto de 2012

Formando a los hijos hoy


Nos encontramos en un mundo que se desinteresa por las personas, por los individuos, por sus verdaderas necesidades, pero curiosamente sumerge al hombre en el deseo de individualidad, de tal manera que olvida que hace parte de un grupo, de una sociedad, de una familia. Y las familias son muy propensas a dejarse seducir por esta tendencia social. Con toda tranquilidad viven bajo un mismo techo sin conocerse, sin amarse, sin confianza; pueden vivir creyendo que tienen tales valores, pero ¿al relacionarse los miembros de la familia lo siente?

El problema de las familias no son los avances, no son los programas de televisión, no son las influencias de afuera, sino la claridad de la misión que tiene los padres. Cada época da las herramientas necesarias para brindar una sana formación a las nuevas generaciones, se hace necesario vislumbrarlas y asimilarlas; junto a estas herramientas siempre han existido valores que nunca cambiarán, tales como la unidad, el conocimiento de las personas, la confianza, todo sostenido por el amor.  

Unidad en la Familia

Mat 19:4-6  El respondió: «¿No habéis leído que el Creador, desde el comienzo, = los hizo varón y hembra, =  (5)  y que dijo: = Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne? =  (6)  De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre.»

La verdadera unidad familia comienza con la unidad de la pareja, que han decidido amarse por toda la vida. Es tan fuerte esta unidad, que Jesús nos habla de formar una sola carne: así lo ha querido el Padre Celestial, así lo ha pensado y así nos lo ha pedido vivir. Y claro, esa unidad, querida, pensada y pedida por Dios, tiene su plenitud en el sacramento del matrimonio, momento sacramental con el que le decimos a Dios sí acepto amar a esta mujer o este varón como medio por el cual alcanzar mi realización y mi felicidad.[1]
Por tanto si la pareja está unida y está bien, será más fácil brindar una sana formación a los hijos. Pero en el caso de no tener una pareja constituida, sino que se es cabeza de hogar, la unidad debe estar entre el padre o la madre con sus hijos.

Miembros que se conocen

Los miembros de la familia deben estar muy atentos para no olvidar que cada uno es un ser distinto a los otros. Podemos tener “parecidos”, asimilarnos al padre, a la madre, entre hermanos o a algún otro familiar, pero nunca seremos ellos. Dios nos creo únicos y nos vamos constituyendo únicos.

De esta manera podemos tomar conciencia que son odiosas y no muy formativas frases como: “qué pasa contigo, ve a tu hermano”, “por qué tu primo sí puede y tú no logras realizarlo”, “cuando yo tenía tu edad yo era, yo ya hacía”, “eso todo mundo puede hacerlo, ¿y tú no? entre otras. Estas frases nos muestran que no nos conocen, que ignoran nuestras capacidades y nuestra manera de enfrentar la vida.  Los padres de familia para formar deben comprender a cada hijo como es, debe valorar lo que tiene, y animarlo para que crezca en sus dones y talentos. Recordemos lo que nos dice San Pablo:

Rom 12:4-6  Pues, así como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros, y no desempeñan todos los miembros la misma función,  (5)  así también nosotros, siendo muchos, no formamos más que un solo cuerpo en Cristo, siendo cada uno por su parte los unos miembros de los otros.  (6)  Pero teniendo dones diferentes, según la gracia que nos ha sido dada.

Confianza en la familia
  
   Luc 2:48-52  Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.»  (49)  El les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»  (50)  Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.  (51)  Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.  (52)  Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

La confianza en cada acción de los miembros es de gran valor, cumple la función de alimentar la confianza en sí mismo. Una persona que no se siente respaldada por la confianza de sus seres queridos, puede perder la confianza en sí misma.

Sí nos conocemos porque estamos unidos nos tenemos confianza. Es importante que los hijos sientan que sus padres le respaldan en sus metas, en sus sueños, en sus deseos y en su realización humana. Se hace necesario dar respiro, dar apertura, permitir que se equivoquen y que caigan para que crezcan. Hay que saber confiar.


[1] Haciendo un paréntesis. No podemos olvidar que la vida de los hombres cuenta con decisiones equívocas, las cuales no nos permiten constituir este deseo de Dios. Y Dios nunca rechaza a una madre o a un padre cabeza de hogar, antes bien le acompaña y le asiste en su caminar; pero sí le pide fidelidad a su misión, de cabeza de hogar, con dignidad.

jueves, 26 de julio de 2012

La vida en presencia de Dios


El encuentro con Dios se ha convertido en nuestra vida en el espacio en el que podemos hacer una gran lista de solicitudes, necesidades, plegarias y demás. Y en muy pocas ocasiones logramos este espacio para aprender de Dios aceptando su proyecto de vida, que no es otro que el Amor. La vida cristiana no es un agregado a nuestra cotidianidad, no es un casillero más en nuestro tiempo que hay que llenar con diferentes actividades y en distintos tiempos, la vida cristiana es precisamente un ESTILO DE VIDA. Aceptar a Dios, que se reveló plenamente haciéndose hombre, es aceptar que Él tiene algo que decir a nuestra existencia, que cada día que pasa tiene sentido porque Él está con nosotros.  Por ello vivir desde la presencia de Dios es fortalecer la fe, la esperanza y el amor.

Vivir de la fe:

¿Qué es la fe? Es aceptar algo que alguien me dice como verdadero. Por tanto sí decimos tener fe en Jesús ¿por qué no le aceptamos su proyecto de vida? El ser humano que permite que Dios haga parte de su caminar es el que tiene fe, el que sabe aceptar el mensaje evangélico como verdadero. Y tiene presente las palabras de Jesús: “Porque ustedes tiene poca fe. En verdad les digo: si tuvieran fe, del tamaño de un granito de mostaza, le dirían a este cerro: Quítate de ahí y ponte más allá, y el cerro obedecería. Nada sería imposible para ustedes.” (Mateo 17,20).

Jesús nos llama la atención porque olvidamos fácilmente que tener fe en Él, en su mensaje, es tener fe en las capacidades que hemos recibido de Él, es tener fe en las posibilidades de triunfo que sólo Él nos ofrece, es tener fe en nuestro prójimo que siempre tiene algo que aportarnos, es tener fe en toda la creación que está en nuestro servicio. Vivir de la fe es despertar todos los medios que están en nuestro entorno para que la vida se active de tal manera que alcancemos realizarnos y alcancemos la felicidad.

Vivir de la esperanza:

Al hablar de la esperanza se hace necesario recordar las palabras de Pedro: “Señor ¿a quién iríamos? Tú tienes palabra de vida eterna” (Juan 6, 68). Ya que tener esperanza en Dios es saber que Él nos conduce y nos guía pero sobre todo nos acompaña: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de la historia” (Mateo 28, 20). Aquella fe en la Palabra que se hizo carne (Jesús), que despierta todos los medios que tenemos para alcanzar la realización y la felicidad, está sostenida por la esperanza que nos asegura que Dios está con nosotros todos los días de nuestra historia. No caminamos solos, no luchamos solos, nunca vivimos solos. Invitar a Dios hacer parte de nuestra vida es saber que Él ha respondido a nuestra solicitud positivamente, que Él puso su morada en nuestra existencia.

Vivir del amor:

Pero la riqueza más grande que tenemos para vivir la vida en Dios es el AMOR. San Juan dice “El que no ama no ha conocido a Dios, pues Dios es amor” (1Juan 4,8). De nada nos sirve la fe y la esperanza en nuestra vida si el amor está ausente. Vivir en la presencia de Dios es buscar crecer cada día en el amor verdadero.

El amor no es romanticismo, no es corazones o figuras, el amor no son palabras que el viento se puede llevar, “el amor es paciente y muestra comprensión. El amor no muestra celos, no aparenta ni se infla. No actúa con bajezas ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo. No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad. Perdurará a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo. El amor nunca pasará.” (1corintios 13, 4-8).



La fe firme y la esperanza clara se vislumbran en el amor y el amor en el cumplimiento de lo que nos pide el Señor Jesús: “Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (Juan 15, 10). Jesús nos propone algo que Él ya ha vivido, algo que como hombre Él enfrentó y logró alcanzar, por eso es posible lograrlo. Y cuando logremos apasionarnos de Jesús mostraremos al mundo el amor que viene de Dios, entonces tendremos que afirmar con San Pablo: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Acaso las pruebas, la aflicción, la persecución, el hambre, la falta de todo, los peligros o la espada? Pero no; en todo eso saldremos triunfadores gracias a Aquel que nos amó” (Romanos 8, 35.37).   

martes, 24 de julio de 2012

Retiro Regional

Del 16 al 20 de julio todos los miembros de la Región Salvatoriana del Ecuador participaron del retiro anual.  El Padre Juan Carrasquilla SDS, Superior Provincial, animó el retiro, la temática fue la Persona y acción de Jesús de Nazaret y la presencia de María Santísima en la vida de Jesús. 

jueves, 19 de julio de 2012

El Emmanuel Trasforma la Vida


Hay una desilusión en el ser humano

Han existido, existen y muy seguramente existirán grandes personajes que aportan diferentes pensamientos y diferentes modelos de vida, como también nos podemos encontrar con grandes inventos tecnológicos y científicos que pretenden cubrir un algo que deseamos saciar y no sabemos cómo. Pero ni ellos ni estos han logrado darle plenitud a la sed que el hombre lleva por dentro. Tiene el hombre felicidades o realizaciones pasajeras y debe emprender la búsqueda de otra cosa, produciéndole cansancio, fatigas, tristezas, amarguras, inestabilidad en sí la desilusión de no lograr sentirse realizado, de no sentirse pleno.

¿Quiere decir esto, que el ser humano está condenado a vivir una situación de desilusión? Desde luego que no. El hombre fue creado para el gozo eterno (Génesis 1, 27-28), fue creado para la grata convivencia con el prójimo (Génesis 2, 25) y con Dios (Génesis 3, 8); pero toda esta realidad tuvo una ruptura, pues la condición humana se dejó seducir por la presencia del ángel (Salmo 8, 5), que rechazó a Dios y a su reino libre e irrevocablemente. Pero Dios que es amor (1Juan 4, 8) no olvidó su deseo y aún con el pecado que entró en la humanidad se encarnó para que nos reconciliemos con él (2Corintios 5, 19). Y quien lo acepta libremente es considerado su hijo (Juan 1, 11-13).      

El Emmanuel trasforma la vida


Aquel hombre del que hemos escuchado, quizá desde nuestra niñez, es mucho más que un sanador, que un milagrero, que un hombre sencillo del pueblo de Nazaret o un hombre que construyó una historia. Jesús de Nazaret es el Emmanuel, Dios-con-nosotros. Es el cumplimiento de la promesa de Dios a la humanidad, es su encarnación (Mateo 1, 18-25). Quien se entrega plenamente a la condición humana, haciéndose uno de nosotros (Filipenses 2,6). Pasando por la tentación de quien ha dicho no a Dios y venciéndolo con la sabiduría divina (Mateo 4, 1-10). Jesús de Nazaret, el Emmanuel, es el hombre-Dios, por eso nos puede indicar el camino, nos puede decir la verdad para así alcanzar la vida que todos anhelamos. El transforma la vida porque viene al encuentro como uno de nosotros, un igual, y nos habla como nosotros comprendemos con el mágico auxilio del amor, del que tanto carecemos, tanto buscamos y tanto necesitamos. Jesús nos transforma la vida porque nos hace sentir amados.

domingo, 15 de julio de 2012

ORACIÓN 

Los hermanos Salvatorianos nos encontraremos en una semana de retiro espiritual. Por este motivo les pedimos a todos ustedes, nuestros visitantes, oración para que el Espíritu Santo nos ilumine y nos dé la orientación necesaria y logremos hacer vida su voluntad. 

El retiro espiritual será en la ciudad de Quito, desde el lunes 16 a el viernes 20 de julio, dirigido por el Padre Juan Carrasquilla SDS, superior provincial. Participaremos los de la comunidad de María Madre de la Iglesia, San Pedro de Cumbayá y Corpus Christi (Manta). 

Estas palabras del Venerable Padre Francisco María de la Cruz Jordán iluminan la temática del retiro espiritual: 


“Y nosotros que tenemos el deber especial de imitar a los Apóstoles, debemos, por consiguiente, tener en particular estima lo que el Divino Salvador ordenó a sus Apóstoles, a saber, el amor. Debemos vivir como los apóstoles y ser un solo corazón  y una sola alma.
La caridad fraterna es una obligación. (Ya que tenemos un vínculo) ¡Y este vínculo tan estrecho existe realmente en una Orden religiosa! En una familia, hay un padre espiritual, un fin, un deber común, un hábito religioso, una regla.
el amor fraterno debe ser verdadero, abnegado paciente, atento, compasivo, imparcial, universal, no unilateral y activo en las palabras y hechos. Debe abarcar a todos. Por lo tanto unánimes, participativos, verdadero, dispuesto al sacrificio, atento y universal, en sentimientos, palabras y obras.
¡Qué fáciles se vuelven las obligaciones cuando reina el verdadero amor fraterno en una casa religiosa!
¡Por lo tanto, amad! Y amad: a pesar de la fragilidad humana, a pesar de los defectos de carácter, a pesar de los temperamentos desagradables, a pesar de las inaptitudes, a pesar de las faltas morales. Amad a todos.”

jueves, 12 de julio de 2012

La oración espacio de encuentro familiar


El mal uso de la tecnología, inventos para el bien de la humanidad, sí que nos debe preocupar, pues ha causado un gran daño a los encuentros familiares. Aquel cajón mágico entretiene y logra que los integrantes de la familia se olviden del resto del mundo; aquellos aparatos musicales irrumpen con violencia los oídos con melodías inentendibles negando la posibilidad de escucharse mutuamente; los pequeños “inalámbricos” ocupan las manos de quienes escriben desesperadamente cortos mensajes negándole al padre, a la madre o a los hijos saludarse o abrasarse; y la modernísima tecnología que tiene todas las anteriores sumergen al miembro de la familia en mil cosas, que ya su ser se desprende de la realidad y se embriaga en una realidad que quizá no es la propia, impidiendo que logre alcanzar el encuentro familiar.

Los cristianos no podemos permitir que las familias se desintegren por los grandes aportes que el hombre ha creado para el bien humano, es nuestro deber aprender a usarlos y aprovechar lo máximo de ellos, sin dejar que ellos se aprovechen de nosotros.

Se hace necesario entonces tornar nuevamente la mirada a Dios, buscar la respuesta al sin sentido de la vida, tener el encuentro familiar con aquel que es fuente inagotable del amor. Ya que el hombre carente de amor es un ser materializado. La oración es precisamente encuentro con Dios. La oración es el alimento de las familias. En la oración las familias se fortalecen, alientan, animan, educan, corrigen y se ayudan.

El Encuentro Familiar
Cuando hablamos de encuentro no nos referimos a un saludo, a un solo estar juntos o sencillamente a un compartir, sino que nos referimos al intimar, al contemplar, al conocer al otro. Los encuentros permiten que yo me interese por el otro de tal manera que el sienta mi amor. Ellos logran que me desprenda de todo y de todos, que me interese por aquel o aquellos que tengo a mi lado.

Nos encontramos cuando priorizamos, cuando nos damos totalmente, cuando nuestro amar es sincero y generoso, cuando nos unimos sólo por encontrarnos para ser uno. La familia debe lograr fortalecer sus encuentros, lograr que su estar juntos no sea cotidiano y monótono, que sea verdaderamente un encuentro. Son los encuentros los que fortalecen alianzas, familiaridades, relaciones y sobre todo amores.   

La Oración Familiar
Las familias tranquilamente pueden vivir sin la presencia de Dios en sus hogares, pueden pensar y afirmar que no necesitan que Dios les diga cómo vivir. La pregunta es: ¿se puede vivir plenamente en el amor, dejando a un lado el amor?

San Juan, en su primera carta, afirma que “Dios es amor” (48). Si Dios es amor y la familia cada día está en la búsqueda del amor, ¿por qué no lo acepta y lo acoge en su hogar? Podemos pensar, sin miedo a equivocarnos, que es porque no se han dado tiempo de hablar con él, de encontrarse, de conocerle para amarle, porque no han buscado hacer oración.

En la familia es muy fácil encontrar el temor de dar el primer paso para convertirse en una familia de oración, pero San Pablo le dice a los esposos de la comunidad de Corinto “¿Qué sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? Y ¿qué sabes tú, marido, si salvarás a tu mujer? (1Cor. 716), no hay que esperar el paso del otro sino que hay que darlo. Y así, estando la pareja fortalecida de Dios pueden transmitir su fe a sus hijos (Lc. 222).    

Es deber de la familia, encabezada por la pareja, propiciar el encuentro de oración familiar. Tener preparado el modo de orar, el tiempo previsto, el lugar asignado y los signos de la oración. Toda la familia debe estar al tanto de este encuentro con tiempo, para que así se preparen con un corazón generoso y deseoso de orar juntos.

La Oración Sacramental
La Iglesia doméstica, la familia, no puede olvidar que hace parte de la Iglesia universal (que somos todos los bautizados) y que la plenitud de la espiritualidad familiar es fruto de la plenitud de la espiritualidad eclesiástica, es decir, de todos los que formamos el Cuerpo de Cristo.

Es la vida sacramental (los sacramentos) la que permite que el cuerpo (la Iglesia) sea uno con la cabeza (Cristo). Cristo es quien, en la persona del presbítero, concede la gracia de Dios por medio de los sacramentos. Y la gracia, que es presencia de Dios en nuestra vida, es la que da paso a una plenitud espiritual.

Hay dos sacramentos que no dejan de alimentar al cristiano porque los vivimos continuamente, la Eucaristía y la Reconciliación. La familia debe animarse mutuamente para que estos dos sacramentos no se descuiden en la vida personal de cada miembro. En cuanto a la Eucaristía es muy positivo que asistan en familia, y en cuanto a la reconciliación, como en los otros sacramentos, debe existir un acompañamiento mutuo para que no se descuiden de participar en ellos.  

miércoles, 4 de julio de 2012

La Familia Fuente de Vida Cristiana


v  El inicio de la familia en el amor

Cuando un varón y una mujer sienten una atracción física, psicológica, racional, emocional, sexual, entre sí, empieza un recorrido de conocimiento mutuo. Este recorrido es lo que comúnmente llamamos “enamorados” o “novios”. Es de gran importancia dar este paso, hacer este recorrido.

El recorrido permite que cada uno de los implicados descubra que Dios le ha concedido una vocación al matrimonio y por tanto le concede un “regalo” para su vida. El novio o la novia es el “regalo” de Dios para el otro. Y como todo regalo hay que cuidar, proteger y valorar; y qué mejor forma de cumplir con esta misión que teniéndolo o teniéndola cerca. Es aquí, cuando ha descubierto que es el “regalo” que Dios le ha dado, cuando busca la aceptación, celebrando el sacramento del Matrimonio. Y desde el sacramento los esposos están llamados a recibir los “regalos” que Dios Trino concede a la nueva familia; los hijos son la bendición en el matrimonio.

Esta nueva familia está cimentada desde el deseo de los novios que reciben la bendición de Dios en la afirmación de Jesús:

“De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre”
                                                                 Mateo 196

Estas palabras de Jesús tienen toda plenitud en los novios que se unen desde el amor.  Cualquier otra unión, fuera del amor, puede decaer o fracasar aun teniendo la bendición de Dios.
  
v  El amor que da frutos  

Un regalo del Señor son los hijos, recompensa, el fruto de las entrañas”
Sal 127:3 
La alianza de Dios con Adán y Eva contenía dos provisiones independientes: descendientes y dominio. Para los creyentes el tener niños es una respuesta a un mandamiento: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen la tierra, y dominadla...» (Gen_1:28). En este salmo los niños son llamados «regalo del Señor». Ello significa que los niños pertenecen a Dios; son «nuestros» sólo en un plano secundario. Dios da generación a las parejas como una persona confía una fortuna a sus herederos. Jesús desea que no despreciemos a ninguno de esos «pequeños» y habla de su fe en Dios como un ejemplo para los adultos (Mat_18:1-5, Mat_18:10).

Cuando una pareja contrae matrimonio, se compromete a amar, servir y santificarse por la próxima generación. El cuidar y amar a los niños es una de las principales formas de honrar a Dios y compartir la tarea de edificar su reino. La pareja debe realizar su trabajo en pareja, no individual. Los hijos son el “regalo” de Dios para los dos.

No podemos olvidar que también es fruto la felicidad del ser amado, el encuentro amoroso de dos personas, hombre y mujer, es un deber del matrimonio. El acto sexual amoroso son las “palabras sinceras” de expresión de amor.

v  La familia Iglesia doméstica

La familia cristiana debe nacer del amor y para el amor. La familia cristiana es la plena manifestación de la presencia de Dios entre nosotros, pues Dios es padre y madre deseoso de dar amor. Cada miembro debe entrar en la dinámica de su obligación en ese grupo social. Veamos a cada miembro:

El papá: Es el varón del hogar que trasmite seguridad y unidad en el hogar, infunde una fe inquebrantable en el resto de la familia. Es el líder que con autoridad ayuda a que cada uno se desarrolle en plenitud. Es la figura del trabajo. Debe ser el ejemplo a seguir.

La mamá: Es la mujer del hogar que está llamada a brindar esperanza cristiana a toda la familia. Entrega un rostro amable, brinda confianza, se da sin medida.

Los hijos: Son fruto del amor que están abiertos a recibir la fe y la esperanza que les concede sus padres.

Estas tres verdades del hogar, papá, mamá e hijos, son la primera figura de una Iglesia, en la que Cristo es su cabeza, esta Iglesia doméstica da los lineamientos, emprende el camino y asegura el mensaje de la Trinidad en el mundo. 

miércoles, 27 de junio de 2012

Jesús la luz del corazón


Dice el Señor Jesús: “Vengan a mí los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mi, que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso en su vida” (Mateo 11, 28-29).

¿Qué nos cansa y agobia en este mundo? Por lo general el tener que aparentar o aparecer ante una sociedad que necesita deslumbres para aceptarnos, un exceso de materialismo inútil que nos quita el tiempo, el dinero, la cultura y a veces los seres queridos, un consumismo que nos hace individuales, egoístas y egocéntricos. En fin muchas realidades que son exteriores y absolutamente contrarias a la paz y el amor que nace en el corazón.

El Señor Jesús nos propone cargar con su yugo y aprender de Él, es decir, des-contaminarnos del mundo y radicarnos en la verdad que es el amor, haciéndonos libres, maduros espiritualmente, fuertes interiormente y abiertos a las relaciones humanas. Allí radica la mansedumbre y la humildad de corazón del Señor Jesús, que  no quiso atesorar cosas que no le ayudaban, que no buscó lugares y puestos, sólo quiso cumplir con su misión, que no se aferró a este mundo y a sus propuestas, que supo reconocer lo que era, tenía y podía lograr.

No es la mentalidad de un conformista, es la mentalidad de una persona que se reconoce tal y como es. La humildad, que viene de hummus, tierra, equivale a reconocerse y a dar frutos desde lo que tiene. Cuando se proyectan los sueños desde realidades, capacidades y alcances de los otros, y no los propios, el corazón se convierte en arrogante, ambicioso, envidioso, celoso y se fracasa fácilmente, lo peor es que cuando se ve fracasado busca que otros fracasen, convirtiéndose  en rivales de la familia, de los amigos, de los colegas.   

El descanso de la vida de los hombres está en Jesús que sabe muy bien decirle al hombre cómo vivir en la felicidad que busca. Jesús ubica al hombre en su contexto, le ayuda a descubrir sus dones y capacidades, que se le ha concedido para el bien de todos, Jesús le permite ser libre y lo aleja de las ataduras de los sistemas que hacen al hombre un solo objeto o medio para el bienestar de unos cuantos.        

viernes, 22 de junio de 2012

El Corazón Podado


El rostro, el diálogo y los encuentros nos permiten ver lo que guardamos en el corazón. Reflejamos lo que ha nacido y hemos podado, pues cada individuo, que recibe todo del exterior, tiene la obligación de ir podando, quitando lo que no sirve y hace daño. Y lo puede hacer a la luz de Jesús, quien conoce la esencia y el fin del hombre.

Quienes han aceptado la propuesta de humanización en Jesús han transformado su vida y la de quienes le rodean. Y a ellos les queda muy bien la bienaventuranza de Jesús:

“Bienaventurados lo limpios de corazón, porque verán a Dios”
Mateo 5, 8

Sí, bienaventurados, es decir, felices, gozosos, dichosos. Y cómo no, si tienen claro el sentido de su vida, han cultivado cosas bellas en su corazón, han puesto la mirada en los otros saliendo de sí mismos, han querido aportar a la sociedad un ambiente mejor pero sobre todo contagian y hacen grato el tiempo y el espacio en el que se encuentran.
Qué dicha es poder hallar en el camino personas que sólo tienen una sonrisa para dar, que son optimistas, que guardan la esperanza en lo más profundo de su ser y la reflejan en el diálogo, que siempre ven los acontecimientos como medios de aprendizaje y crecimiento humano. Ellas no guardan prejuicios o comentarios negativos de las demás personas. Las personas limpias de corazón saben y reconocen los errores de los otros como equivocaciones ignorantes de personas que gritan una necesidad.

Son personas que ayudan verdaderamente a construir un mundo más humano a la luz de Dios. Por eso descubren la mano de Dios en cada acontecimiento, no creen en coincidencias de la vida sino en Dios-cidencias. Estas personas, limpias de corazón, se adelantan a la dicha eterna… ver a Dios, pues lo descubren en toda la creación y en la cotidianidad de la vida. 

lunes, 18 de junio de 2012

Convivencia Comunión

El domingo 17 de junio, día del Padre en Ecuador y otros países, se llevó a cabo la Convivencia de Comunión de la Catequesis Doce Apóstoles de la Parroquia San Pedro de Cumbayá. La Convivencia se llevó a cabo en el Colegio Cristo Rey de las Hermanas del Buen Pastor. Participaron 112 niños con sus respectivos padres. 
Fue una experiencia muy enriquecedora para todos, niños, padre y catequistas, pues se profundizó en la necesidad que tenemos de vivir el Sacramento de la Comunión con sentido profundo. Bendecimos al Señor y le pedimos que nos fortalezca en nuestra fe. 






¿Corazón de Piedra o de Carne?


En nuestro día a día familiar, laboral o social, nos encontramos con personas que son dueños de un corazón de piedra, más aún, quizá somos nosotros portadores de ese corazón endurecido por los problemas, las enfermedades o sencillamente las contaminaciones heredadas o aprendidas.

Y nos urge empezar a construir un mundo donde todos tengamos un corazón de carne. Un mundo donde nos conmovamos por el que sufre, un mundo donde tengamos rostros agradables para quienes nos rodean, un mundo donde no nos incomodemos porque nos sabemos cómo tratar a las personas ya que siempre tiene respuestas ásperas, ofensivas, negativas o desalentadoras.

En el antiguo testamento nos encontramos con el libro del Profeta Ezequiel, a quien Dios le dice: “A hijos duros de rostro y de corazón empedernido te envío.” (2,4), pues Dios no cesa de enviarnos oportunidades para que dobleguemos nuestro corazón y construyamos el mundo del amor. Con el corazón de piedra fácilmente causamos mucho daño a los otros y Dios nos cuestiona: “Porque han afligido el corazón del justo, cuando yo no lo aflijo” (13, 22). Y el mismo Dios da la respuesta: “Por tu gran sabiduría y tu comercio has multiplicado tu fortuna y se ha engreído tu corazón” (28, 5). Y no debemos entender fortuna sólo lo material o económica. Se trata de nuestros logros humanos los cuales olvidamos que han sido fruto de los dones que el mismo Dios nos ha concedido y que se han complementado con los dones que otros tienen.

Por eso el Señor no descansará, hoy lo hace a través de la Iglesia que pregona la verdad, hasta que todos recibamos con agrado su más bello deseo: “Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.” (36, 26). 

miércoles, 13 de junio de 2012

Amar con el Corazón


Pensar que amar es un sentimiento es negarnos la posibilidad de aprender a amar. Amar es un verbo y como todo verbo hay que ejercerlo y ejercitarlo, no se puede amar si no decidimos amar. Como decidimos comer, correr, trabajar, etc.

Pero cuando decidimos amar estamos decidiendo alejarnos de todo lo que sea muerte, pues existe la teoría que la palabra amor está compuesta por “a” que significa sin y “mor” que significa muerte, por ende amar es vivir sin muerte.

Sin miedo a equivocarnos podemos afirmar que Jesús, quien recibió la vida del Padre (Juan 5, 26) y nos da vida en abundancia (Juan 10, 10), ama con el corazón. Los evangelistas nos muestran el corazón humano de Jesús, un corazón que se compadece por los que sufren; es misericordioso con los desdichados; perdona a los que se han equivocado; ayuda a los que le buscan, en fin un corazón que ama hasta devolver la vida a quien la había perdido.

Como bautizados y miembros del Cuerpo de Cristo estamos llamados a escuchar a Jesús, quien es la cabeza, para amar con el corazón. No podemos olvidar que Jesús de Nazaret, el Hijo del Padre hecho hombre, nos hizo comprender que al hombre se le ha confiado el bienestar de los otros hombres. Y para llevar a feliz término tan grande misión debemos mirar el Corazón de Jesús y decidirnos a amar con el corazón; rompiendo envidias, rivalidades, odios, egoísmos, sentimientos que lo único que causan son maltratos físicos o verbales ocasionando fratricidios dentro de la familia de sangre o en la familia espiritual.