Ya eres uno más

SEAS BIENVENID@

Los Salvatorianos en el Ecuador te damos un grato saludo y te invitamos para que no sea tú primera visita, sino que ésta te anime a regresar.

Nos gusta mucho compartir contigo nuestro caminar y nuestra fe, nos gustaría contar con tus comentarios y con tus palabras de aliento.

Que la fe en nuestro Dios Trinidad nos una cada día más, que juntos podamos entregar la buena nueva a todos y de todas las formas que el amor de Cristo inspire a los que aún no lo conocen. Bienvenid@

DESEO SALVATORIANO

Tomando las palabras de Juan les decimos:
"Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.".

1 Juan 1, 1-3

miércoles, 4 de julio de 2012

La Familia Fuente de Vida Cristiana


v  El inicio de la familia en el amor

Cuando un varón y una mujer sienten una atracción física, psicológica, racional, emocional, sexual, entre sí, empieza un recorrido de conocimiento mutuo. Este recorrido es lo que comúnmente llamamos “enamorados” o “novios”. Es de gran importancia dar este paso, hacer este recorrido.

El recorrido permite que cada uno de los implicados descubra que Dios le ha concedido una vocación al matrimonio y por tanto le concede un “regalo” para su vida. El novio o la novia es el “regalo” de Dios para el otro. Y como todo regalo hay que cuidar, proteger y valorar; y qué mejor forma de cumplir con esta misión que teniéndolo o teniéndola cerca. Es aquí, cuando ha descubierto que es el “regalo” que Dios le ha dado, cuando busca la aceptación, celebrando el sacramento del Matrimonio. Y desde el sacramento los esposos están llamados a recibir los “regalos” que Dios Trino concede a la nueva familia; los hijos son la bendición en el matrimonio.

Esta nueva familia está cimentada desde el deseo de los novios que reciben la bendición de Dios en la afirmación de Jesús:

“De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió no lo separe el hombre”
                                                                 Mateo 196

Estas palabras de Jesús tienen toda plenitud en los novios que se unen desde el amor.  Cualquier otra unión, fuera del amor, puede decaer o fracasar aun teniendo la bendición de Dios.
  
v  El amor que da frutos  

Un regalo del Señor son los hijos, recompensa, el fruto de las entrañas”
Sal 127:3 
La alianza de Dios con Adán y Eva contenía dos provisiones independientes: descendientes y dominio. Para los creyentes el tener niños es una respuesta a un mandamiento: «Sean fecundos y multiplíquense; llenen la tierra, y dominadla...» (Gen_1:28). En este salmo los niños son llamados «regalo del Señor». Ello significa que los niños pertenecen a Dios; son «nuestros» sólo en un plano secundario. Dios da generación a las parejas como una persona confía una fortuna a sus herederos. Jesús desea que no despreciemos a ninguno de esos «pequeños» y habla de su fe en Dios como un ejemplo para los adultos (Mat_18:1-5, Mat_18:10).

Cuando una pareja contrae matrimonio, se compromete a amar, servir y santificarse por la próxima generación. El cuidar y amar a los niños es una de las principales formas de honrar a Dios y compartir la tarea de edificar su reino. La pareja debe realizar su trabajo en pareja, no individual. Los hijos son el “regalo” de Dios para los dos.

No podemos olvidar que también es fruto la felicidad del ser amado, el encuentro amoroso de dos personas, hombre y mujer, es un deber del matrimonio. El acto sexual amoroso son las “palabras sinceras” de expresión de amor.

v  La familia Iglesia doméstica

La familia cristiana debe nacer del amor y para el amor. La familia cristiana es la plena manifestación de la presencia de Dios entre nosotros, pues Dios es padre y madre deseoso de dar amor. Cada miembro debe entrar en la dinámica de su obligación en ese grupo social. Veamos a cada miembro:

El papá: Es el varón del hogar que trasmite seguridad y unidad en el hogar, infunde una fe inquebrantable en el resto de la familia. Es el líder que con autoridad ayuda a que cada uno se desarrolle en plenitud. Es la figura del trabajo. Debe ser el ejemplo a seguir.

La mamá: Es la mujer del hogar que está llamada a brindar esperanza cristiana a toda la familia. Entrega un rostro amable, brinda confianza, se da sin medida.

Los hijos: Son fruto del amor que están abiertos a recibir la fe y la esperanza que les concede sus padres.

Estas tres verdades del hogar, papá, mamá e hijos, son la primera figura de una Iglesia, en la que Cristo es su cabeza, esta Iglesia doméstica da los lineamientos, emprende el camino y asegura el mensaje de la Trinidad en el mundo. 

miércoles, 27 de junio de 2012

Jesús la luz del corazón


Dice el Señor Jesús: “Vengan a mí los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mi, que soy manso y humilde de corazón y encontrarán descanso en su vida” (Mateo 11, 28-29).

¿Qué nos cansa y agobia en este mundo? Por lo general el tener que aparentar o aparecer ante una sociedad que necesita deslumbres para aceptarnos, un exceso de materialismo inútil que nos quita el tiempo, el dinero, la cultura y a veces los seres queridos, un consumismo que nos hace individuales, egoístas y egocéntricos. En fin muchas realidades que son exteriores y absolutamente contrarias a la paz y el amor que nace en el corazón.

El Señor Jesús nos propone cargar con su yugo y aprender de Él, es decir, des-contaminarnos del mundo y radicarnos en la verdad que es el amor, haciéndonos libres, maduros espiritualmente, fuertes interiormente y abiertos a las relaciones humanas. Allí radica la mansedumbre y la humildad de corazón del Señor Jesús, que  no quiso atesorar cosas que no le ayudaban, que no buscó lugares y puestos, sólo quiso cumplir con su misión, que no se aferró a este mundo y a sus propuestas, que supo reconocer lo que era, tenía y podía lograr.

No es la mentalidad de un conformista, es la mentalidad de una persona que se reconoce tal y como es. La humildad, que viene de hummus, tierra, equivale a reconocerse y a dar frutos desde lo que tiene. Cuando se proyectan los sueños desde realidades, capacidades y alcances de los otros, y no los propios, el corazón se convierte en arrogante, ambicioso, envidioso, celoso y se fracasa fácilmente, lo peor es que cuando se ve fracasado busca que otros fracasen, convirtiéndose  en rivales de la familia, de los amigos, de los colegas.   

El descanso de la vida de los hombres está en Jesús que sabe muy bien decirle al hombre cómo vivir en la felicidad que busca. Jesús ubica al hombre en su contexto, le ayuda a descubrir sus dones y capacidades, que se le ha concedido para el bien de todos, Jesús le permite ser libre y lo aleja de las ataduras de los sistemas que hacen al hombre un solo objeto o medio para el bienestar de unos cuantos.        

viernes, 22 de junio de 2012

El Corazón Podado


El rostro, el diálogo y los encuentros nos permiten ver lo que guardamos en el corazón. Reflejamos lo que ha nacido y hemos podado, pues cada individuo, que recibe todo del exterior, tiene la obligación de ir podando, quitando lo que no sirve y hace daño. Y lo puede hacer a la luz de Jesús, quien conoce la esencia y el fin del hombre.

Quienes han aceptado la propuesta de humanización en Jesús han transformado su vida y la de quienes le rodean. Y a ellos les queda muy bien la bienaventuranza de Jesús:

“Bienaventurados lo limpios de corazón, porque verán a Dios”
Mateo 5, 8

Sí, bienaventurados, es decir, felices, gozosos, dichosos. Y cómo no, si tienen claro el sentido de su vida, han cultivado cosas bellas en su corazón, han puesto la mirada en los otros saliendo de sí mismos, han querido aportar a la sociedad un ambiente mejor pero sobre todo contagian y hacen grato el tiempo y el espacio en el que se encuentran.
Qué dicha es poder hallar en el camino personas que sólo tienen una sonrisa para dar, que son optimistas, que guardan la esperanza en lo más profundo de su ser y la reflejan en el diálogo, que siempre ven los acontecimientos como medios de aprendizaje y crecimiento humano. Ellas no guardan prejuicios o comentarios negativos de las demás personas. Las personas limpias de corazón saben y reconocen los errores de los otros como equivocaciones ignorantes de personas que gritan una necesidad.

Son personas que ayudan verdaderamente a construir un mundo más humano a la luz de Dios. Por eso descubren la mano de Dios en cada acontecimiento, no creen en coincidencias de la vida sino en Dios-cidencias. Estas personas, limpias de corazón, se adelantan a la dicha eterna… ver a Dios, pues lo descubren en toda la creación y en la cotidianidad de la vida. 

lunes, 18 de junio de 2012

Convivencia Comunión

El domingo 17 de junio, día del Padre en Ecuador y otros países, se llevó a cabo la Convivencia de Comunión de la Catequesis Doce Apóstoles de la Parroquia San Pedro de Cumbayá. La Convivencia se llevó a cabo en el Colegio Cristo Rey de las Hermanas del Buen Pastor. Participaron 112 niños con sus respectivos padres. 
Fue una experiencia muy enriquecedora para todos, niños, padre y catequistas, pues se profundizó en la necesidad que tenemos de vivir el Sacramento de la Comunión con sentido profundo. Bendecimos al Señor y le pedimos que nos fortalezca en nuestra fe. 






¿Corazón de Piedra o de Carne?


En nuestro día a día familiar, laboral o social, nos encontramos con personas que son dueños de un corazón de piedra, más aún, quizá somos nosotros portadores de ese corazón endurecido por los problemas, las enfermedades o sencillamente las contaminaciones heredadas o aprendidas.

Y nos urge empezar a construir un mundo donde todos tengamos un corazón de carne. Un mundo donde nos conmovamos por el que sufre, un mundo donde tengamos rostros agradables para quienes nos rodean, un mundo donde no nos incomodemos porque nos sabemos cómo tratar a las personas ya que siempre tiene respuestas ásperas, ofensivas, negativas o desalentadoras.

En el antiguo testamento nos encontramos con el libro del Profeta Ezequiel, a quien Dios le dice: “A hijos duros de rostro y de corazón empedernido te envío.” (2,4), pues Dios no cesa de enviarnos oportunidades para que dobleguemos nuestro corazón y construyamos el mundo del amor. Con el corazón de piedra fácilmente causamos mucho daño a los otros y Dios nos cuestiona: “Porque han afligido el corazón del justo, cuando yo no lo aflijo” (13, 22). Y el mismo Dios da la respuesta: “Por tu gran sabiduría y tu comercio has multiplicado tu fortuna y se ha engreído tu corazón” (28, 5). Y no debemos entender fortuna sólo lo material o económica. Se trata de nuestros logros humanos los cuales olvidamos que han sido fruto de los dones que el mismo Dios nos ha concedido y que se han complementado con los dones que otros tienen.

Por eso el Señor no descansará, hoy lo hace a través de la Iglesia que pregona la verdad, hasta que todos recibamos con agrado su más bello deseo: “Les daré un corazón nuevo y les infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.” (36, 26). 

miércoles, 13 de junio de 2012

Amar con el Corazón


Pensar que amar es un sentimiento es negarnos la posibilidad de aprender a amar. Amar es un verbo y como todo verbo hay que ejercerlo y ejercitarlo, no se puede amar si no decidimos amar. Como decidimos comer, correr, trabajar, etc.

Pero cuando decidimos amar estamos decidiendo alejarnos de todo lo que sea muerte, pues existe la teoría que la palabra amor está compuesta por “a” que significa sin y “mor” que significa muerte, por ende amar es vivir sin muerte.

Sin miedo a equivocarnos podemos afirmar que Jesús, quien recibió la vida del Padre (Juan 5, 26) y nos da vida en abundancia (Juan 10, 10), ama con el corazón. Los evangelistas nos muestran el corazón humano de Jesús, un corazón que se compadece por los que sufren; es misericordioso con los desdichados; perdona a los que se han equivocado; ayuda a los que le buscan, en fin un corazón que ama hasta devolver la vida a quien la había perdido.

Como bautizados y miembros del Cuerpo de Cristo estamos llamados a escuchar a Jesús, quien es la cabeza, para amar con el corazón. No podemos olvidar que Jesús de Nazaret, el Hijo del Padre hecho hombre, nos hizo comprender que al hombre se le ha confiado el bienestar de los otros hombres. Y para llevar a feliz término tan grande misión debemos mirar el Corazón de Jesús y decidirnos a amar con el corazón; rompiendo envidias, rivalidades, odios, egoísmos, sentimientos que lo único que causan son maltratos físicos o verbales ocasionando fratricidios dentro de la familia de sangre o en la familia espiritual. 

miércoles, 30 de mayo de 2012

Convivencia "Movidos por el Espíritu Santo"

Agradecidos con Dios les compartimos estas imágenes de los 49 jóvenes que vivieron y compartieron la convivencia "Movidos por el Espíritu Santo", que se llevó a acabo los días 26-27 de mayo en la casa de Espiritualidad Inmaculada Concepción, en San Rafael-Ecuador. Y dirigida por la Pastoral Juvenil Salvatoriana. 

Fue una gran alegría poder ofrecer este espacio a los jóvenes que van a confirmar su fe en la Iglesia. Pedimos al Espíritu Santo que los inunde de su gracia, para que vean en Jesús de Nazaret la única verdad que transporta al Padre Santo. 


Saliendo a la Casa de Retiro 



Acogida y animación inicial

Encuentro con la Palabra de Dios

Reconocimiento de la persona de Jesús de Nazaret


Alimentando


Dinámicas 




El cordón de la vida 


Oración de la mañana, contacto con la naturaleza

Trabajo en equipo

Escribiendo a papá y mamá

Eucaristía Familiar

Oración de invocación de los siete dones del Espíritu Santo

Participantes de la Convivencia "Movidos Por el Espíritu Santo"

Equipo de Trabajo: Pastoral Juvenil Salvatoriana-Ecuador

domingo, 27 de mayo de 2012

Mujer


Martin Valverde afirma que “MUJER”, es un titulo en la boca de Jesús. Y no se equivoca. Pues cuando la nombra la dignifica, le entrega una misión, le despierta al servicio y la involucra en la construcción del Reino. Nunca la palabra MUJER es utilizada por Jesús para indicar esclavitud, sumisión, trabajo, objeto o discriminación. “MUJER” en la vida de Jesús es quien sabe escuchar, acoger, atender, actuar y desde luego sabe amar.

La MUJER no tiene por qué buscar un lugar, ya lo tiene desde la creación, es la ayuda adecuada del varón. Y es ayuda, porque posee lo que el varón no tiene, es su complemento. Lo triste es que las corrientes machistas o feministas provocan discusiones y grandes enfrentamientos desde lo que comparten, es decir, la inteligencia, la voluntad, la capacidad de amar, la capacidad de servir, etc., olvidando que esas capacidades que son iguales deben ayudarles para comprender y asumir aquellas de las que cada uno carece.


La MUJER piensa como MUJER y el varón piensa como varón, eso nadie lo puede cambiar y un proyecto impulsado por la MUJER nunca será igual si es impulsado por el varón, pero un proyecto impulsado por los dos enriquece de tal manera que no será nunca igual si lo hicieran solos. Eh ahí la gran importancia de constituir una familia en la unidad de una MUJER y un varón. La ayuda es complementaria y no de sumisión.

miércoles, 23 de mayo de 2012

El Espíritu Santo Despierta


Fijemos nuestra atención en la iglesia primitiva que ora y esperar al Espíritu Santo; en esta Iglesia que después de Pentecostés vivirá la comunión dada por el Espíritu en la unidad fraterna; en la iglesia sufriente, perseguida y crucificada; en la iglesia cimentada sobre Pedro y el colegio de los apóstoles. Contemplemos esta Iglesia constituida esencialmente por testigos y misioneros que anuncian la buena nueva de Jesús. En el corazón de esta Iglesia vivimos nuestra consagración y en ella también nosotros somos testigos, misioneros, apóstoles y profetas participando de su misión profética.

Esta fiesta de Pentecostés de 2012 es un cumpleaños que nos sitúan en la experiencia y exigencia de los apóstoles al recibir el Espíritu Santo, de ese cambio radical y total en la vida de todos ellos. Pues de personas miedosas y recaídas, se volvieron hombres y mujeres capaces de dar testimonio de su fe, aun a costa de su propia vida. Celebrar Pentecostés es reconocer que toda nuestra vida estar relacionadas directa y personalmente con el Señor, que es Él quien hace en nosotros su obra, que es Él quien nos da los medios para vivir nuestra fe; que es Él quien nos capacitada para la misión y que nos da su gracia para dar testimonio y para anunciarlo a todos, hasta los confines del mundo.

Una fiesta como esta es la oportunidad para que cada uno de nosotros clame y se disponga para que el Señor nuevamente nos envíe su Espíritu Santo y dejarnos transformada por Él, dándonos la valentía y la sabiduría de los primeros discípulos.

Es la oportunidad de invocar al espíritu Santo con aquel himno que la iglesia ha conservado de Rabano Mauro, quien fue Obispo de Maguncia, donde pedimos al Espíritu Santo que visite el entendimiento de sus fieles. Que inunde con su gracia los corazones que él mismo ha creado.

Eusebio Betancour SDS
Religioso Sacerdote Salvatoriano
Del retiro del mes de mayo



La Mujer es discípula de Jesús


María de Nazaret, la joven virgen que acoge en su seno al Señor Jesús, junto con José reciben la misión de educarlo y formarlo.  Ellos deben transmitir a su hijo la fe de sus padres que ahora es de ellos, mostrarle que Dios ha sido fiel con su pueblo y que por ello deben cumplir con la ley religiosa: le circuncidan, le educan para guardar el sábado, en el momento indicado le hacen participar en la sinagoga, le enseñan los ritos de purificación y de agradecimiento, como también van en familia a las fiestas nacionales en el templo de Jerusalén. Así descubrimos cómo María cumple su papel de madre educadora, sin llegar a comprenderlo todo (Lucas 2, 19.50), pero con la confianza puesta en Dios que le ha encomendado tal misión.  

Ya cuando ha llegado la hora de Jesús, María, madre del Señor, se convierte en la discípula que está atenta a la voz del Salvador, ella asume su lugar de redimida, de oyente, de discípula. Porque sólo como discípula de su Hijo y Salvador Jesús logra esclarecer todo lo que no comprendía, logra asumir con claridad su misión en medio de la comunidad.

Como María, también hubo muchas mujeres que estuvieron junto a Jesús, aprendiendo de Él, recibiendo la dignidad perdida por causa del machismo de aquel entonces. Jesús las acoge, las educa, las libera, las sana, las anima y valora su aporte en la construcción del Reino de Dios, pues todos los seres humanos aportan para que el Reino de Dios se establezca.

Aquellas palabras de Jesús dirigidas a una mujer en el Evangelio de Marcos son perpetuadas y entregadas a las mujeres de todos los tiempos cada día: “Les aseguro: donde quiera que se proclame el Evangelio, en el mundo entero, se hablará también de lo que ella ha hecho para memoria suya” (Mc. 14, 9). Pues fue una mujer que amó infinitamente a Jesús, confió plenamente en su presencia, creyó en su palabra sanadora y liberadora, aceptó al Señor Jesús como único camino de realización; pero lo grandioso no fue sólo que sentía todo esto, sino que se lo manifestó con una acción profundamente significante: derramó un perfume costosísimo sobre los pies del Señor Jesús.


Por ello, MUJER, sé discípula del Señor Jesús, ven a sus pies y escucha su voz, luego sal al mundo para que todos conozcan lo que tú has vivido. Tu fe y tu fidelidad pueden transformar tu familia, tu trabajo y tu grupo social.

sábado, 19 de mayo de 2012

La Mujer también nos deja ver a Dios


Siempre hemos tenido en nuestra mente que Dios es el Padre, más aún el mismo Jesús le llamaba “Abbá, Padre” (Marcos 14, 36) y nos enseñó a orar diciendo “Padre Nuestro” (Mateo 6, 9). Y unido a esta idea de Padre está el hecho de que Jesús se encarnó varón; de esta manera al pensar en Dios lo relacionamos fácilmente con la personalidad masculina que con la femenina.

Por esta razón podríamos preguntarnos, ¿Dios es él o ella? Y al respondernos tendríamos que decir que Dios es él y es ella, también ninguno de los dos; pues nuestro lenguaje encasilla de tal manera que desvirtúa lo que es “él o ella” como desvirtúa lo que es “padre y madre”. El lenguaje no puede absolutizar lo que es Dios, ya que el lenguaje es limitado, pero sí debemos complementar lo que entendemos como “él o ella” o como “padre o madre” para cuando hablamos de Dios.

Tengamos presente que al crear Dios la humanidad la creó a su “imagen y semejanza” (Génesis 1, 26-27), varón y mujer fueron partícipes de lo que Dios es, todos tenemos algo de Dios, lo que nosotros tenemos por separado en Dios está unido. Por ello también la mujer tiene algo que decirnos de Dios, pues Dios le ha compartido algo de lo suyo que no lo compartió con el varón. Eh ahí que las buenas relaciones de varones y mujeres hacen posible la plenitud de Dios en medio del resto de la creación.

Muchas de las cualidades que manifiesta la mujer, y que poco vemos en el varón, han sido perpetuadas en las sagradas  escrituras como propias de Dios, entre algunas podemos rescatar: la ternura[1],  la sensibilidad ante el que sufre[2]; el vínculo con los hijos[3]; el dar todo por su creatura[4]; el reprender para educar[5] y el proteger con todo a sus seres querido reuniéndolos como la gallina bajo sus alas[6].   


[1] Salmo 25, 6; 116, 5;
[2] Isaías 66, 13; Apocalipsis 5, 1-4
[3] Isaías 49, 14,15
[4] Oseas 11, 1, 8
[5] Jeremías 31, 20
[6] Lucas 13, 34

lunes, 7 de mayo de 2012

La Mujer en el Proyecto de Dios


Dijo Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. (…)  Y creó Dios al hombre a su imagen. A imagen de Dios lo creó. Varón y mujer los creó”. (Génesis 1, 26-27). Así descubrimos que la dignidad de la mujer, como la del varón, es propia de su naturaleza, por ser creación de Dios a su imagen y semejanza. “La humanidad es descrita aquí como enunciada, desde su primer origen, en la relación de lo masculino con lo femenino.”[1] No existe diferencia de dignidad sino una relación de complementariedad. Dios nos ha creado y nos ha dejado participar de su imagen y semejanza tanto a varones como a mujeres. Tal complementariedad la podemos comprender claramente, cuando el libro del Génesis nos afirma que Dios creó a la mujer como respuesta al sentimiento de soledad del varón: “El hombre no se encontró con ninguna ayuda adecuada” (Génesis 2,20).  Así Dios responde generosamente a la soledad del varón con la presencia de la mujer, pues “Es necesario que entre en relación con otro ser que se halle a su nivel. Solamente la mujer, creada de su misma «carne» y envuelta por su mismo misterio, ofrece a la vida del varón un porvenir”[2].

Tal regalo de igualdad entregado al pueblo de Israel, para toda la humanidad, es ratificado por Jesucristo y proclamado por San Pablo, cuando afirma que “Todos los bautizados en Cristo han sido revestidos de Cristo: ya no hay (…) ni hombre ni mujer” (Génesis 3, 27-28). Enseñándonos así que quien ha sido bautizado en la Verdad de Dios debe superar cualquier rivalidad, enemistad o violencia de sexo, pues todos somos iguales.


Los cristianos estamos llamados a buscar cada día vivir en condiciones de igualdad, en la diferencia de los roles sexuales, sin buscar activismos feministas o machistas, sin encasillar a la mujer a la maternidad como único fin de realización femenina o llegar al otro extremo de imponerle un rol social que quizá ella no desea desempeñar. La verdadera complementariedad se da cuando las personas se sienten libres y respaldad por los suyos en los actos que hace a la luz de la única Verdad: Jesús.



[1] Joseph Card. Ratzinger, Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y el Mundo, Roma, 2004, No 5. 
[2] Ibis, No 6 

jueves, 3 de mayo de 2012

¿Qué tengo que hacer para ganar la vida eterna? (Marcos 10, 17)


    Quizá no nos hemos hecho esta pregunta, porque posiblemente estamos seguros que tenemos la vida eterna, o sencillamente no nos hemos preguntado por ella porque estamos muy acomodados aquí en esta tierra. Pero resulta necesario que nos sintamos interesados por la vida eterna, por el solo hecho que será eterna, será nuestro siempre.

     Para la vida eterna no basta ser solamente cumplidor de la ley o de los mandamientos; en nuestra vida cristiana, no sólo es necesario el cumplimiento de las misas dominicales, la celebración de los sacramentos o participar en encuentro litúrgicos piadosos, pues eso hacía el joven rico del evangelio y parece que no le era suficiente, todavía le quedaba la duda de poder alcanzar la vida eterna (Cfr. Marcos 10, 19-20). Por ello “Jesús, fijando su mirada en él, lo amó y le dijo: ‘una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme’. Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes.”  (Marcos 10, 21-22).

    El conflicto de este personaje bíblico no son “los muchos bienes que tenía”, pues no es negativo o perjudicial tener mucho bienes, el conflicto radica en su apego a esos bienes. Sus bienes, ya no eran para él un medio para vivir mejor, ya se habían convertido en su fin último, había puesto la esperanza de su felicidad y su realización en ser poseedor de esos bienes, pensaba que si se los quitaban su vida terminaría.

    No debemos aferrarnos a lo pasajero, a lo que pronto termina. Todo eso está allí para que tengamos bienestar en este mundo. Pero Dios lo creo para todos y nos pertenece a todos, por ello si alguno alcanza más debe compartir con aquel que no ha logrado mucho. Compartir nos permite tener presente que todo cuanto tenemos no es el tesoro para de nuestra vida.

     Tengamos siempre presente que “donde esté el tesoro, allí estará también el corazón” (Mateo 6, 21). Si nuestro tesoro son las comodidades de este mundo y lo pasajero que el mundo ofrece, estamos destinados a la desdicha eterna y no a la vida eterna, es necesario aceptar “la tijera” que Jesús nos ofrece para cortar con todo lo que nos ata a este mundo. 

domingo, 8 de abril de 2012

Ser Cristiano

La vida del cristiano está sostenida e iluminada en Cristo, por ello no puede desvincular de su ser el amor, la verdad y el sufrimiento. Pues por amor se dice la verdad y por defender la verdad se acepta el sufrimiento.
El cristiano debe tener en cuenta que es una “vasija de barro” (cfr. 2Cor. 4, 6-7), es decir que es pura fragilidad, pero que es allí, en su vida, dónde Dios ha querido confiar desde el bautismo su “tesoro”, que es Jesucristo. Cada bautizado se le ha encomendado ser luz del  mundo, porque la Luz ha llegado a su vida.

Y la primera señal de haber recibido la Luz es el amor. El Señor mismo lo afirma: “En eso conocerán todos que son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a otros” (Juan 13, 35), y el apóstol nos recomienda “Permanezcan en el amor fraterno” (Hebreos 13, 1). Y el amor nos impulsa a reconocer la verdad y no sólo la ley: “Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo” (Juan 1, 17), así que los cristianos debemos decir con el apóstol Pablo: “Digo la verdad en Cristo, no miento” (Romanos 9, 1), pues es la única manera de “ser realmente discípulos de Jesucristo, conociendo la verdad y dejando que la verdad nos haga libres” (cfr. Juan 8, 31-32).

Ahora bien, todo eso es fácil vivirlo en medio de quienes aceptan la propuesta, pero nos encontramos en un mundo donde muchos no comprenden, ni mucho menos quieren aceptar la propuesta del amor y la verdad. Es allí donde el apóstol Pedro nos dice: “¿Qué merito tiene aguantar golpes cuando uno es culpable? Pero si, haciendo el bien, tienen que aguantar sufrimientos, eso es una gracia de Dios” (1Pedro 2, 20). El sufrimiento por custodiar el amor y la verdad tiene sentido y nos asemeja más a Jesús. Pues a él, que recibió muchos maltratos y burlas y murió en la cruz, luego de todo ese sufrimiento el centurión le reconoció “ciertamente este hombre era justo” (Lucas 23, 47).

Pero al igual que Jesucristo todo cristiano que acepte vivir el amor y la verdad debe asumir el sufrimiento, con la esperanza que llegará la resurrección, que es la vida eterna.    

sábado, 7 de abril de 2012

FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN

Hoy la Iglesia universal está de fiesta, nuestro corazón está hinchado de infinito amor, ya que Dios lo  ha rebosado sobre la humanidad.

El amor de Dios es tan grande e infinito que nos sentimos llenos de esperanza. Hoy nosotros hacemos propias las palabra del Apóstol Pedro, que sin temor pero sí con seguridad catequiza a Cornelio, un hombre bueno, un gran filántropo, pero que carecía de la presencia de la verdad revelada, Jesucristo.

Es misión de los apóstoles anunciar “a tiempo y a destiempo” la verdad que ha bajado del cielo. Que nadie se quede sin conocer y amar al verdadero Dios y a su enviado Jesucristo para que así todos juntos podamos servirle.

No anunciamos la historia de un mito o una gran leyenda, anunciamos la verdad que “pasó haciendo el bien, sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.”. Somos herederos de lo que fueron testigo los apóstoles; y al igual que ellos nosotros, por el llamado a la familia Cristiana,  recibimos un encargo: “Nos encargó predicar al pueblo y atestiguar que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos.”. Esa es nuestra misión, anunciar y atestiguar la verdad.

Y la verdad, que se hizo carne, es el agua viva que baño a la humanidad de plena dignidad.

Por ello anunciamos y atestiguamos, que por más que aquella verdad fue y sigue siendo rechazada y crucificada, es la única verdad que da vida y la da en abundancia. Él ha vencido todo enemigo de la verdad con su resurrección, en él encontramos el sentido de la vida verdadera, que no es la perecedera y corruptible, sino que es la eterna y espiritual.

Jesús ha resucitado y con su resurrección nos dice que el mal y todos sus frutos no tienen la última palabra, también nos dice que no hay un fin sino una plenitud del ahora junto a la Santísima Trinidad.

Queridos hermanos que podamos gritar al mundo que la realidad humana ha sido dignificada por aquel “que pasó haciendo el bien” y que nos llama a la vida imperecedera porque nos ha abierto sus puertas.

¿Vida o Muerte?

Al encontrarnos en una época en la que el progreso se nos muestra como una gran herramienta para lograr la plenitud humana, pudiéramos pensar que también es una gran amenaza para cada varón y mujer,  por ende para cada familia y sociedad. ¿Quiere decir esto que el progreso es negativo o poco favorable para la humanidad? De ninguna manera; todo progreso es positivo y muy favorable, pero la prioridad que le damos es la que nos causa grandes dolores.

El hombre no puede renunciar a sí mismo, ni al puesto que le es propio en el mundo visible, no puede hacerse esclavo de las cosas, de los sistemas económicos, de la producción y de sus propios productos. Ya que el progreso se trata del desarrollo de las personas y no solamente de la multiplicación de las cosas”[1]

Estos dos caminos que se nos proponen hoy “la cultura de la vida” o “la cultura de la muerte” nos hace preguntarnos ¿vida o muerte? ¿qué queremos para nosotros y para los que vienen tras nosotros?  Y muy seguramente la respuesta inmediata y sincera, que nace del deseo más profundo, es la vida. Todos queremos vida. Pero preguntémonos de nuevo ¿produce vida lo que realizamos cada día, nuestras decisiones, nuestros diálogos, nuestras preferencias?

La vida es aquella que tiene plenitud, es la que nos deja vivir el hoy con lo necesario y nos promete la vida eterna (cfr. Lucas 18, 29,30), pues no hay plena vida aquí sin pensar en el allá. Vida terrena y eterna son una sola. Por ello Jesús se hizo hombre y venció la muerte con su resurrección, ya que él ha “venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Juan 10, 10).

De esta manera solo cuando nuestra existencia terrena está iluminada en Jesús y proyectada en la eternidad podemos hablar de verdadera VIDA; de lo contrario, si nos aferramos a lo efímero y superficial, estamos anclados en la muerte. 


[1] Encíclica El Redentor del Hombre, Juan Pablo II, 1979, No 16