Ya eres uno más

SEAS BIENVENID@

Los Salvatorianos en el Ecuador te damos un grato saludo y te invitamos para que no sea tú primera visita, sino que ésta te anime a regresar.

Nos gusta mucho compartir contigo nuestro caminar y nuestra fe, nos gustaría contar con tus comentarios y con tus palabras de aliento.

Que la fe en nuestro Dios Trinidad nos una cada día más, que juntos podamos entregar la buena nueva a todos y de todas las formas que el amor de Cristo inspire a los que aún no lo conocen. Bienvenid@

DESEO SALVATORIANO

Tomando las palabras de Juan les decimos:
"Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.".

1 Juan 1, 1-3

viernes, 22 de agosto de 2014

Narcisa de Jesús Martillo Morán

Nació en 1832, en la hacienda San José de Nobol, Daule, Ecuador. Fue hija de Pedro Martillo y Josefa Morán, campesinos propietarios, gente sencilla y profundamente creyente. En 1838, cuando contaba 6 años, falleció su madre.

Tuvo una clara percepción de su llamada a la santidad, especialmente a partir del sacramento de la Confirmación. Adquirió la costumbre de retirarse con frecuencia a un bosquecillo cercano a la casa, para entregarse libremente a la contemplación de las realidades divinas. Se propuso imitar a Santa Mariana de Jesús, identificándose con la vocación de víctima. Asumió un camino arduo de penitencia, para unirse más íntimamente a Cristo sufriente y ayudarle a la redención del mundo. Colaboraba en los trabajos domésticos y en los del campo. Era una joven reflexiva, amable, alegre, de carácter dulce y apacible, sumamente buena y obediente, caritativa, compasiva para con los pobres, extremadamente piadosa, amada por todo el vecindario. Joven muy hermosa, de ojos azules y cabello rubio, esbelta, fuerte y ágil. Se manifestó una excelente catequista.

En enero de 1852 falleció su buen padre. Narcisa, que contaba 19 años de edad, pasó a Guayaquil y se hospedó con una familia muy conocida que habitaba junto a la catedral.

Impulsada por un anhelo de mayor perfección y aconsejada por un religioso franciscano, se embarcó en junio de 1868 para Lima, Perú, y vivió como seglar interna en el convento dominicano del Patrocinio.

A finales de septiembre de 1869 se le declararon unas fiebres. Poco pudieron hacer los remedios médicos, pero continuó con su ritmo de vida normal, y así hasta finalizar la novena y celebrar con gran gozo la Eucaristía en la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, 8 de diciembre de 1869, Al final de la jornada se despidió de las hermanas, porque iba a realizar un viaje muy largo. Lo tomaron a broma, pero al poco rato una de ellas, la encargada de bendecir las habitaciones, advirtió un resplandor y una fragancia especial en la suya. Acudió la comunidad y comprobaron que había muerto. Contaba 37 años de edad.


Se supo después que había hecho voto privado de virginidad perpetua, de pobreza, obediencia, clausura, ayuno a pan y agua, comunión diaria, confesión, mortificación y oración. El Papa Juan Pablo II la beatificó el 25 de octubre de 1992 y el Papa Benedicto XVI la canonizó el 12 de octubre de 2008.

viernes, 15 de agosto de 2014

Santo Hermano Miguel Febres Cordero

El día de su nacimiento en Cuenca el 7 de noviembre de 1854, sus padres tuvieron una gran tristeza al ver que el niño tenía los pies deformes. Y a los cinco años el pequeñín todavía no había dado los primeros pasos. Pero sucedió que un día observando un rosal florecido en el jardín de su casa gritó: "Miren qué hermosa es la señora que está sobre las rosas". Acudieron los familiares pero no vieron nada especial; y luego todos quedaron maravillados al ver que el niño se levantó y comenzó a caminar. La Virgen había empezado a ayudarle de manera impresionante.

Los religiosos Hermanos Cristianos fundaron un colegio en Cuenca y allí fue matriculado Miguel Febres. Miguel sobresalía entre los alumnos por su gran inteligencia pero sobre todo por su inmenso deseo de aprender.

Miguel deseaba ser Hermano Cristiano, pero sus familiares se le oponían porque ellos eran de clase rica y en cambio aquellos religiosos vivían muy pobremente. Lo envían a otro instituto pero allí se enferma y tiene que volver a su casa. Entonces al fin la familia le permite hacerse religioso Lasallista y toma el nombre de Hermano Miguel.

El trabajo del Hermano Miguel desde que entra a la comunidad hasta su muerte será sumamente intenso y no conocerá descanso ni tiempos perdidos en inutilidades. Dedicado de tiempo completo a ser útil a los demás, todas las horas del día dando clase, enseñando catecismo, atendiendo enfermos, estudiando idiomas (logra hablar cinco idiomas: alemán, inglés, italiano, francés y latín) y escribiendo libros.

En 1907 los Superiores Mayores de su congregación lo invitan a que vaya a Europa a dirigir la publicación de libros que la Comunidad repartirá por muchos países. Se dirige a Bélgica, pero el clima de aquel país, con sus inviernos tan rígidos, le afecta la salud. Sin embargo, sigue trabajando fuertemente. Lo trasladas a España, donde el clima es más suave y el 9 de febrero de 1910, atacado por una pulmonía, muere santamente.


Después de su muerte empezaron a obtenerse milagros maravillosos por la intercesión del hermano Miguel y el 21 de octubre de 1984 el Papa Juan Pablo II lo declaró santo. 

viernes, 8 de agosto de 2014

Santa Mariana de Jesús Paredes y Flores

Nació en Quito en 1618. Desde los cuatro años quedó huérfana de padre y madre y al cuidado de  su hermana mayor y de su cuñado, quienes la quisieron como a una hija. Desde muy pequeñita demostró una gran inclinación hacia la piedad y un enorme aprecio por la pureza y por la caridad hacia los pobres. Ya a los siete años invitaba a sus sobrinas, que eran casi de su misma edad, a rezar el rosario y a hacer el viacrucis.

Al escuchar un sermón acerca de la cantidad tan grande de gente que todavía no logró recibir el mensaje del Evangelio, dispuso irse con un grupo de compañeritas a evangelizar paganos. Otro día se propuso irse con otras niñas a una montaña a vivir como anacoretas dedicadas al ayuno y a la oración. Ante el fracaso de entrar en la vida religiosa, ella se dio cuenta que Dios la quería santificar quedándose en el mundo. Se construyó en el solar de la casa de su hermana una habitación separada, y allí se dedicó a rezar, a meditar y a hacer penitencia.

Se propuso cumplir aquel mandato de Jesús: "Quien desea seguirme que se niegue a sí mismo". Como sacrificio se propuso no salir de su casa sino al templo y cuando alguna persona tuviera alguna urgente necesidad de su ayuda.

Mariana recibió de Dios el don de consejo y así sucedía que los consejos que ella daba a las personas les hacían inmenso bien. A un sacerdote muy sabio pero muy vanidoso le dijo después de un brillantísimo sermón: "Mire Padre, que Dios lo envió a recoger almas para el cielo y no a recoger aplausos de este suelo". Y el padrecito dejó de buscar la estimación al predicar.

Sucedieron en Quito unos terribles terremotos. Un padre jesuita dijo en un sermón: - "Dios mío: yo te ofrezco mi vida para que se acaben los terremotos". Pero Mariana exclamó: - "No, señor. La vida de este sacerdote es necesaria para salvar muchas almas. En cambio yo no soy necesaria. Te ofrezco mi vida para que cesen estos terremotos". La gente se admiró de esto. Y aquella misma mañana al salir del templo ella empezó a sentirse muy enferma. Pero desde esa mañana ya no se repitieron los terremotos. Por otro lado, una terrible epidemia estaba causando la muerte de centenares de personas en Quito. Mariana ofreció su vida y todos sus dolores para que cesara la epidemia. Y desde el día en que hizo ese ofrecimiento ya no murió más gente de ese mal. Por eso el Congreso del Ecuador le dio en el año 1946 el título de "Heroína de la Patria".


Acompañada por tres padres jesuitas murió santamente el viernes 26 de mayo de 1645. Desde entonces los quiteños le han tenido una gran admiración. Y por su mediación fueron muchos milagros alcanzados, que le permitieron recibir del Papa Pío IX la declaración de beata y del Papa XII la declaración de santa.

viernes, 1 de agosto de 2014

La Santidad

Cuando escuchamos que todo cristiano debe alcanzar la santidad, nos aterramos o nos hacemos los desentendidos, pues creemos que la santidad es para unos pocos y nos cuesta creer que todos podemos ser santos. Pero ¿Qué es la santidad? ¿Será verdad que solo unos pocos pueden o son elegidos para ser santos? Son preguntas fundamentales cuando hablamos de santidad.

San Pablo nos recuerda que todos fuimos elegidos por Dios para la santidad: “Él (Dios) nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor” (Efesios 1, 4). Sí, fuimos elegidos en Cristo Jesús; por ello la santidad es tener como referente, de nuestra vida, a Cristo Jesús, para así reproducir su imagen en el mundo, así lo afirma el apóstol: “Porque a los que había conocido de antemano los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo” (Romanos 8, 29). Esto es posible, por la sencilla razón que la santidad la hemos recibido en el bautismo, fuimos revestidos de Cristo Jesús (cfr. Gálatas 3, 27), debemos conservar la santidad, contemplando al Señor todos los días, como nos lo diría la Carta a los Hebreos, teniendo “fijo los ojos en Jesús” (12, 2).

El santo o la santa, es la persona que ha hecho una opción de vida por el Señor Jesús. Quiere vivir como nos lo propone el evangelio, busca tener los mismos sentimientos que Cristo (cfr. Filipenses 2, 5), haciendo todo con amor (cfr. 1Corintios 16, 14). Buscando con su vida el Reino de Dios (cfr. Mateo 6, 33).

La Iglesia Católica ha llevado al altar a tres ecuatorianos, a quienes por haber optado por el Señor Jesús vivieron santamente y transformaron sus entornos, ellos son: Santa Mariana de Jesús Paredes y Flores, Santo Hermano Miguel y Santa Narcisa de Jesús.  

lunes, 7 de julio de 2014

Ordenaciones Presbiterales

P. Marco Antonio Cerón Cerón SDS
P. Jhon Alejandro Perdomo SDS


Los Salvatorianos Diáconos, Antonio Cerón y Alejandro Perdomo, el 14 de junio de 2014 recibieron el Orden del Presbíterado, segundo grado del Ministerio Sacerdotal, por imposición de manos y oración consecratoria de Monseñor Tulio Duque Gutierrez SDS, Obispo emérito de Pereira-Colombia. La ordenación se llevó a cabo en el templo parroquial San Pedro de Cumbayá-Quito, a las 11:00 am.  

En la celebración participaron algunos religiosos presbíteros salvatorianos y presbíteros diocesanos, como también una gran participación de fieles laicos. 

Que Dios bendiga a las familias de los ordenados, a la familia salvatoriana y a todos los fieles que han hecho parte del proceso formativo de estos jóvenes presbíteros. 

Luego de la ordenación, el Padre Antonio Cerón SDS, presidió su primera misa, a las 6:00 pm, en la Parroquia María Madre de la Iglesia (Miraflores Quito) y el Padre Alejandro Perdomo SDS, presidió su primera misa el domingo 15 a las 12:30 m en el templo parroquial de San Pedro de Cumbayá-Quito. 

Dios continúe llamando a más jóvenes a vivir con la espiritualidad, el carisma y la misión salvatoriana en el Ecuador. Dios bendiga nuestras vocaciones. Dios les conceda a estos nuevos ministros de la Iglesia generosidad y compromiso en su servicio pastoral.    










































Votos Perpetuos

Milton César Peña Perdomo SDS


El 13 de junio de 2014 nuestro hermano Milton Peña SDS, en presencia del Padre Juan Carrasquilla Osa SDS y en celebración eucarística, presidida por Monseñor Tulio Duque Gutierrez SDS, profesó perpetuamente sus votos de Castidad, Pobreza y Obediencia consagrada. De esta manera él le ha dado una respuesta concreta y perpetua a Dios en la vida Salvatoriana. 

Agradecemos a Dios que lo ha llamado a vivir más unido a Él y lo ha llamado a realizar su vocación junto a la familia salvatoriana. También le agradecemos porque nuestra presencia salvatoriana en el Ecuador cada día crece más y más. 

Que todos nuestros hermanos de comunidad, amigos, fieles y cercanos se unan a nuestras oraciones para seguir caminando con fe y confianza en el Divino Salvador. Y para que la comunidad Salvatoriana en el Ecuador se fortalezca cada día más. 


sábado, 18 de enero de 2014

Ministerio del Diaconado

JHON ALEJANDRO PERDOMO SDS

La familia Salvatoriana eleva una acción de gracias a Dios por regalarnos un nuevo diácono en nuestra vida religiosa. Gracias Señor porque nuestros religiosos se van comprometiendo también con la misión santificadora de la Iglesia, a través del sacramento del orden. Hoy el Padre Francisco María de la Cruz Jordán SDS se alegra porque sus hijos se comprometen con la misión de la Iglesia con mayor radicalidad. 

Alejandro, es de nacionalidad colombiana, pero ya ha vivido 10 años en el Ecuador, se formó en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador y ha prestado su servicio apostólico en la Parroquia San Pedro de Cumbayá como también es el Animador Vocacional de nuestra comunidad en el Ecuador. 

Hoy, 18 de enero de 2014, por imposición de manos y oración consegratoria de S. E. Mons. Tulio Duque SDS, Obispo Emérito de Pereira, fue ordenado diácono de la Iglesia Católica.   

miércoles, 1 de enero de 2014

Epifanía del Señor

Hemos celebrado con gran alegría, en toda la Iglesia universal, la conmemoración del nacimiento del Señor Jesús. Confiados en que todos nuestros hermanos parroquianos hayan pasado una linda navidad, les hacemos llegar un saludo cordial. Y a quienes por razones distintas encontró tristeza en estas fechas, les hacemos llegar un abrazo fraterno de mucha cercanía. Pero a todos les animamos para encuentren regocijo y paz en quien siendo Dios se hizo hombre, el Verbo de Dios.

¿Y, cómo no regocijarse y encontrar la paz en el nacido en Belén? Si es el Salvador del cada hombre, sin importar su raza, su edad, su cultura, su lengua, más aún sin importar en qué época vivió, todos los hombres encuentran su salvación en Jesús de Nazaret, nacido en Belén. Y esa verdad, la hemos conocido en la Epifanía del Señor. Epifanía significa “manifestación”. Es en aquel momento, narrado por el evangelista Mateo, el conocido pasaje de la visita de los magos de oriente, en que la tradición de la Iglesia se ha apoyado para mostrarnos a Jesús como el salvador de toda la humanidad.

Esta visita histórica en los primeros días de vida del Emmanuel, Dios con nosotros, es rica en simbología. Son magos, es decir hombres sabios, inteligentes, conocedores de los misterios; de oriente, de tierras distintas a las de los judíos, signo de universalidad, todos los hombres estamos allí presentes, adorando al recién nacido, como seguramente lo hemos hecho el 24 de diciembre; son guiados por una estrella, aquel acontecimiento sobrepasa lo terrenal, es una plena manifestación de Dios al mundo entero y es un acontecimiento que trae luz, pero no cualquier luz, es la luz que guía, que orienta, que muestra el camino verdadero, es la luz que apaga las oscuridades y tinieblas de nuestros afanes pasajeros y terrenales; y llevan tres regalos: oro, incienso y mirra; tres regalos que nos dicen quien es ese que ha nacido en un pesebre. Oro: Jesús es el rey del universo, no de un territorio, de una ciudad, de una cultura, de un pueblo, no, es el rey de todo cuanto existe, de lo invisible y lo visible, Él es el rey del universo. Incienso: nos muestran la divinidad de Jesús, Él es el verdadero Dios, los magos, sabios, descubren en aquel humilde nacido a Dios en persona. Mirra: signo del verdadero hombre, Jesús es el hombre por excelencia y se abajó de tal manera que es uno como todos nosotros, un hombre que también tenía que experimentar la muerte, como paso importante para abrir las puertas de la vida eterna celestial, con la mirra embalsamaban a los difuntos, los visitantes, nos deja ver que este recién nacido debía pasar por la muerte, aunque fuera Dios, para anunciar al mundo que era verdaderamente hombre y así que nos podía salvar.


Queridos hermanos y hermanas, Dios ya se “manifestó” plenamente a cada uno de nosotros, tenemos dos opciones, aceptarle o rechazarle. Si le aceptamos, nuestra vida cambiará, será mejor, será plena, será divina. Si no, iremos en sentido contrario a la felicidad y al amor. Dios nos propone, no nos impone, pero es como elegir un vaso de cola en lugar del vaso de agua, nos causa daño pero no es culpa del agua, sino de nuestra elección. Elegir es nuestro deber y asumir la elección también. Feliz Epifanía.  

sábado, 30 de noviembre de 2013

Ministerio del Diaconado

Marco Antonio Cerón Cerón SDS


Gracias infinitas elevamos a Padre Celestial, al Hijo Redentor y al Espíritu Santo Santificador, que hoy nos permite celebrar con alegría en el corazón el ministerio del diaconado a nuestro Hermano Marco Antonio Cerón Cerón SDS. 

Marco Antonio SDS, es quiteño, se formó en la PUCE y es religioso Salvatoriano desde el 29 de junio de 2010. Ha trabajado pastoralmente en nuestras tres presencias en el Ecuador, Cumbayá, Miraflores y Manta. Se ha comprometido en aportar para que la vida salvatoriana crezca y se fortalezca en el Ecuador. 

El 01 de diciembre de 2013, por imposición de manos y oración consagratoria de Monseñor Lorenzo Voltolini, Arzobispo de Portoviejo, fue ordenado Diácono de la Santa Madre Iglesia Católica. Gloria y honor al Dios Trino. 

jueves, 28 de noviembre de 2013

Votos Perpetuos

Jhon Alejandro Perdomo SDS

Hoy 29 de noviembre de 2013, en la Parroquia San Pedro de Cumbayá, en presencia del Padre Juan Carrasquilla Ossa SDS, Superior Provincial de Colombia-Ecuador, Jhon Alejandro Perdomo SDS profesó para toda la vida los votos de castidad, obediencia y pobreza. 

Bendecimos a Dios por este llamado y esta elección, más aun glorificamos su nombre porque permite que nuestra presencia Salvatoriana crezca y se vaya fortaleciendo en el Ecuador. Gracias Señor por tanto amor al proyecto espiritual y de apostolado del Padre Francisco María de la Cruz Jordán SDS. 

Pedimos a todos sus oraciones y su compañía. Y les agradecemos a todos por su aceptación a nuestro apostolado en nuestras presencias en el Ecuador, ya son 25 años de arduo y generoso trabajo por la construcción del Reino de Dios.  

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Finalizando el año de la FE

El alimento de la fe

La fe cristiana está sostenida en la revelación de Dios. Él ha querido acercarse a su creatura, desde el mismo acto de crear; le concedió al hombre ser su imagen. Por tanto, lo que podamos decir de Dios, el balbuceo del discurso de lo divino y de la misma persona divina, lo podemos decir porque Él se nos ha revelado. Él mismo ha quitado el velo que no nos permitía acercarnos a su verdad. Y para gloria del hombre, la revelación de Dios llegó a tal punto que se encarnó, tomó condición humana, sin dejar de ser Dios, nació, vivió y murió, aunque su muerte fue causada por el mal de quienes le condenaron injustamente. “Con su encarnación, con su venida entre nosotros, Jesús nos ha tocado…”[1].

Pero esta acción divina, de tocarnos, como lo afirma el Papa Francisco, no ha cesado, continúa, pues así lo afirma también el mismo Pontífice: “…y, a través de los sacramentos, también hoy nos toca; de este modo, transformando nuestro corazón, nos ha permitido y nos sigue permitiendo reconocerlo y confesarlo como Hijo de Dios.”[2].

Es así, el alimento de nuestra fe es el mismo Jesús de Nazaret. Y para alimentarnos con Él nos urge activar todos nuestros sentidos. Primero en los siete sacramentos, donde Él mismo actúa a través del ministro consagrado, queriéndonos tocar para entregarnos su gracia. Luego, con la gracia recibida, abrimos los ojos para contemplarlo en los rostros del mundo, en especial en aquellos que este mundo, contrario al proyecto de Dios, son crucificados continuamente; los oídos para escuchar el clamor de los que sufren; el gusto para saborear el amargo vinagre que proporcionan los malvados; el olfato para descubrir el pecado de la injusticia y el egoísmo; y el tacto para ser sus manos y sus pies, manos que acogen al que sufre y pies que buscan al necesitado.

Cristo nos alimenta en los siete sacramentos y en los sacramentales del día a día. No lo olvidemos.




[1] Francisco, Carta Encíclica: Lumen Fidei, No. 31
[2] Ibíd.  

jueves, 21 de noviembre de 2013

Finalizando el año de la FE

El compromiso del creyente

En el 2012, el Papa Benedicto XVI invitó a toda la Iglesia Católica a vivir el año de la fe, que iniciaría el 11 de Octubre del mismo año y finalizaría el 24 de noviembre del 2013, en la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Y así se ha realizado.

Y en la convocatoria, para vivir el año de la fe, el Papa Benedicto XVI, en su documento Porta Fidei (La puerta de la fe), nos exhortó diciendo: “La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo”[1]. Fue claro el Papa en invitarnos a reforzar nuestra fe personal para compartirla, para no quedarnos con ella, crecemos en la fe para sembrar un mundo nuevo, que sea el Reino de Dios. De lo contrario tener fe en Jesús no tiene sentido, si es un amor recibido y no compartido, es vacía esa fe.

Luego, ante la renuncia del Papa Benedicto XVI, llegó el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, un argentino dinámico y lleno de amor, que eligió llamarse como el pobre de Asís, Papa Francisco. Este hombre, carismático por naturaleza, continuó animando a la Iglesia a vivir el Año de la Fe. Y en su primera Carta Encíclica, nuevamente los fieles cristianos, escuchamos la exhortación del vicario de Cristo, una voz distinta en la sede de Pedro, pero en la misma línea: “Quien se ha abierto al amor de Dios, ha escuchado su voz y ha recibido su luz, no puede retener este don para sí. La fe, puesto que es escucha y visión, se transmite también como palabra y luz.”[2].

No hay vuelta de hoja, no hay que decir más. El compromiso del creyente en Jesús de Nazaret está llamado a entregar lo que ha recibido, debe contagiar a otros, debe permitir que otros se sientan amados por Dios y así todos podamos construir el Reino de Dios que vino a sembrar el mismo Señor Jesús. Y lo hacemos como Él lo hizo, encendiendo la llama de la luz en otros, “La fe se transmite, por así decirlo, por contacto, de persona a persona, como una llama enciende otra llama.”[3].      



[1] Benedicto XVI, Carta Apostólica en forma de MotunPropio: Porta Fidei, No. 7.
[2] Francisco, Carta Encíclica: Lumen Fidei, No. 37.
[3] Ibídem.  

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Finalizando el año de la FE


La fe en el amante divino

Pudiéramos pensar que la fe en Jesús se fundamenta en sentimientos vacíos, en tradiciones históricas, en vivencias ajenas o en una imposición religioso-cultural. Y sí, puede ser que sí. Por ello, para que la fe esté bien cimentada necesitamos encontrar en ella la verdad, necesitamos acercarnos al misterio que contiene y que la sostiene. Necesitamos que la fe en Jesús sea fe sostenida desde lo más íntimo de cada creyente, que no se sostenga del exterior del hombre sino de su propio interior.

Y para que esto sea posible, tenemos que des-aprender, quitar de nuestro entendimiento la idea que Dios es como un  motor que mueve todo y que Jesucristo vino solo al mundo a morir en la Cruz. Tenemos que darle el lugar que Dios tiene por excelencia: es un Sujeto, una Persona, es Otro que ha querido crear otros distintos a Él para comunicarse y para entregar lo que es por esencia: AMOR. Dios es el amante y nosotros los amados. Dios es el que ha creado y se ha encarnado, en la persona de Jesús, para más amarnos y más acercarnos a su presencia divina.

Y es precisamente en la relación del amor, del Tú con el tú, como podemos alcanzar la fe, no en una idea, en un proyecto, en un sueño o en una utopía humana, sino en una Persona, que comparte nuestra humanidad pero que tiene algo más que nos hace falta a nosotros y a Él lo tiene en abundancia. “Él nos dice quién es en realidad el hombre y qué debe hacer para ser verdaderamente hombre. Él nos indica el camino y este camino es la verdad, Él mismo es ambas cosas, y por eso es también la vida que todos anhelamos.”[1].

Dejemos de creer en la persona de Jesús por tradición o por simpatía y emprendamos el camino de conocerlo, para amarlo y así servirlo. “…la fe no es intransigente, sino que crece en la convivencia que respeta al otro”[2]. La mejor manera de crecer en la fe es dejándonos amar por el amante.




[1] Benedicto XVI, Carta Encíclica: En Esperanza fuimos Salvados, No. 6.
[2] Francisco, Carta Encíclica: Lumen Fidei, No. 34. 

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Finalizando el año de la FE

La fe verdaderamente cristiana    

El cristiano para vivir la fe verdadera, necesita salir del centro de su egoísmo, dejar de ver a Dios desde la propia realidad humana. Cuando contemplamos a Dios desde nuestras categorías, desde nuestras ideas, desfiguramos el Dios vivo que se ha revelado a lo largo de la historia: “el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” (Marcos 12, 26) y podemos continuar diciendo el Dios de los Apóstoles, el Dios de Juan Pablo II, el Dios de Benedicto XVI y el Dios de Francisco.  Para no violentar la verdad de Dios, debemos tener presente que “La fe está vinculada a la escucha”[1], que tenemos necesidad de estar atentos a la palabra predicada y anunciada dentro de la Santa Madre Iglesia. Ser oyentes perseverantes de la Buena Noticia.

De lo contrario caeremos fácilmente en la idolatría, en el fanatismo, en la superstición. La fe en el Dios revelado “…por su naturaleza, requiere renunciar a la posesión inmediata que parece ofrecer la visión, es una invitación a abrirse a la fuente de la luz, respetando el misterio propio de un Rostro (el de Cristo), que quiere revelarse personalmente y en el momento oportuno.”[2]. Cuando no nos dejamos impactar por la persona de Jesús, es cuando nuestra fe se desorienta y nos convertimos en ritualistas, en actores de la religión y quizá en temerosos o temerarios de la relación con Dios.

La fe verdaderamente cristiana es todo lo contrario, es una relación fundada en el Amor infinito, que me permite encontrarme con mi verdad y la verdad del mundo. Y para no falsear esa verdad ni la verdad de Dios “Tenemos necesidad de alguien que sea fiable y experto en las cosas de Dios, Jesús, su Hijo, se presenta como aquel que nos explica a Dios”[3]. Tenemos que acercarnos a Él reconociéndolo como el camino que dirige al Padre, pero también como el buen pastor que nos impulsa a verdes praderas y claro tenemos que acercarnos a Él como el Dios que  nos salva. Es así que “La fe en el Hijo de Dios hecho hombre en Jesús de Nazaret no nos separa de la realidad, sino que nos permite captar su significado profundo, descubrir cuánto ama Dios a este mundo y cómo lo orienta incesantemente hacía sí; y esto lleva al cristiano a comprometerse, a vivir con mayor intensidad todavía el camino sobre la tierra”[4].

La verdadera fe cristiana consiste en vivir el día a día contemplando la realidad pero proyectándonos siempre hacía Dios.    





[1] Francisco, Carta Encíclica: Lumen Fidei, No. 8
[2] Ibídem, No 13 
[3] Ibídem, No 18
[4] Op. Cit.