Ya eres uno más

SEAS BIENVENID@

Los Salvatorianos en el Ecuador te damos un grato saludo y te invitamos para que no sea tú primera visita, sino que ésta te anime a regresar.

Nos gusta mucho compartir contigo nuestro caminar y nuestra fe, nos gustaría contar con tus comentarios y con tus palabras de aliento.

Que la fe en nuestro Dios Trinidad nos una cada día más, que juntos podamos entregar la buena nueva a todos y de todas las formas que el amor de Cristo inspire a los que aún no lo conocen. Bienvenid@

DESEO SALVATORIANO

Tomando las palabras de Juan les decimos:
"Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido.".

1 Juan 1, 1-3

martes, 17 de mayo de 2011

SÉ SACRIFICIO Y SACERDOTE PARA DIOS

Os exhorto por la misericordia de Dios. Pablo, o, mejor dicho, Dios por boca de Pablo, nos exhorta porque prefiere ser amado antes que temido. Nos exhorta porque prefiere ser padre antes que Señor. Nos exhorta Dios, por su misericordia, para que no tenga que castigarnos por su rigor.
Oye lo que dice el Señor: «Ved, ved en mí vuestro propio cuerpo, vuestros miembros, vuestras entrañas, vuestros huesos, vuestra sangre. Y si teméis lo que es de Dios, ¿por qué no amáis lo que es también vuestro? Si rehuís al que es Señor, ¿por qué no recurrís al que es padre?
Quizás os avergüence la magnitud de mis sufrimientos, de los que vosotros habéis sido la causa. No temáis. La cruz, más que herirme a mí, hirió a la muerte. Estos clavos, más que infligirme dolor, fijan en mí un amor más grande hacia vosotros. Estas heridas, más que hacerme gemir, os introducen más profundamente en mi interior. La extensión de mi cuerpo en la cruz, más que aumentar mi sufrimiento, sirve para prepararos un regazo más amplio. La efusión de mi sangre, más que una pérdida para mí, es el precio de vuestra redención.

Venid, pues, volved a mí, y comprobaréis que soy padre, al ver cómo devuelvo bien por mal, amor por injurias, tan gran caridad por tan graves heridas.»
Pero oigamos ya qué es lo que nos pide el Apóstol: Os exhorto -dice-, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos. Este ruego del Apóstol promueve a todos los hombres a la altísima dignidad del sacerdocio. A presentar vuestros cuerpos como hostia viva.

Inaudito ministerio del sacerdocio cristiano: el hombre es a la vez víctima y sacerdote; el hombre no ha de buscar fuera de sí qué ofrecer a Dios, sino que aporta consigo, en su misma persona, lo que ha de sacrificar a Dios; la víctima y el sacerdote permanecen inalterados; la víctima es inmolada y continúa viva, y el sacerdote oficiante no puede matarla.

Admirable sacrificio, en el que se ofrece el cuerpo sin que sea destruido, y la sangre sin que sea derramada. Os exhorto -dice-, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva.
Este sacrificio, hermanos, es semejante al de Cristo, quien inmoló su cuerpo vivo por la vida del mundo: él hizo realmente de su cuerpo una hostia viva, ya que fue muerto y ahora vive. Esta víctima admirable pagó su tributo a la muerte, pero permanece viva, después de haber castigado a la muerte. Por esta razón, los mártires nacen al morir, su fin significa el principio, al matarlos se les dio la vida, y ahora brillan en el cielo, cuando se pensaba haberlos suprimido en la tierra.
Os exhorto -dice-, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa. Es lo que había cantado el profeta: No quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo.
Sé, pues, oh hombre, sacrificio y sacerdote para Dios; no pierdas lo que te ha sido dado por el poder de Dios; revístete de la vestidura de santidad, cíñete el cíngulo de la castidad; sea Cristo el casco de protección para tu cabeza; que la cruz se mantenga en tu frente como una defensa; pon sobre tu pecho el misterio del conocimiento de Dios; haz que arda continuamente el incienso aromático de tu oración; empuña la espada del Espíritu; haz de tu corazón un altar; y así, puesta en Dios tu confianza, lleva tu cuerpo al sacrificio.

Lo que pide Dios es la fe, no la muerte; tiene sed de tu buena intención, no de sangre; se satisface con la buena voluntad, no con matanzas.
De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo
(Sermón 108: PL 52, 499-500)

viernes, 13 de mayo de 2011

DOMINGO 15 DE MAYO

Juan  10: 1 - 10

1
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador;
2
pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas.
3
A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera.
4
Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
5
Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
6
Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.
7
Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.
8
Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon.
9
Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto.
10
El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.





El Evangelio de hoy nos plantea un tema bien interesante: el pastor y las ovejas. Desde el oficio de pastores en el contexto  de los campos, podemos pensar, sin faltar al respeto a quienes tienen este oficio, que generalmente son personas, digna, honradas, sencillas pero carentes de educación. Saben su oficio de cuidar el rebaño.
En cuanto a las ovejas, pocas o muchas, son “un rebaño” que se maneja por instinto de conservación, y van unas de otras de otras.
Jesús nos plantea desde este Evangelio una perspectiva muy novedosa: Tiene, no un “rebaño anónimo”, sino un  “aprisco personalizado”. El pastor conoce  las ovejas por su nombre y ellas lo conocen y atienden su voz y no le hacen caso a la voz de un extraño. El las saca por la puerta y camina delante de ellas
Jesús  es el Buen Pastor. Es el Maestro. El conoce a cada uno por su nombre y se dirige a cada uno desde su propia historia. Su voz nos da confianza y desde el ejercicio de nuestra libertad, a veces mal utilizada, nos busca cuando nos perdemos por camino equivocados.
Él mismo se identifica como camino, COMO LA PUERTA, por donde hay que entrar. Por eso  nos habla de que hay otros que no son puerta segura. Son los ladrones, los que  vienen a sembrar el desconcierto y  hacer estragos.
Antes de su ascensión al cielo, Jesús ha dejado a sus Apóstoles la misión de ser pastores para continuar con el encargo de vigilar la comunidad. La Iglesia desde la ministerialidad, desde el Papa hasta el último ministro ordenado, tiene la misión de ser pastores a la manera de Jesús. Que conozcan a sus “ovejas” que las cuiden  que las amen y que hasta sean capaces de dar la vida por ellas. Tenemos que pedir al PASTOR SUPREMO  que suscite en nuestras comunidades BUENOS Y SANTOS PASTORES.

domingo, 8 de mayo de 2011

MARÍA LA MADRE

Nos encontramos en el mes en el que resaltamos la figura de la madre, de la mujer que se entrega enteramente a la misión de educar y fortalecer a la Iglesia doméstica, el hogar. Y quién mejor que la madre de Dios nos puede hablar de esa misión y de ese compromiso para construir una sociedad más justa y más centrada en la verdad.
La Virgen María, es quién aceptando en su seno que la verdad se encarnará hace posible que toda la humanidad tenga claro y tenga el prototipo de humanidad que debemos construir. Cuando María en la obediencia proclama: “Hágase en mí según has dicho” (Lucas 138) hace que la historia de la humanidad tome otro rumbo, hace posible que se inserte en la realidad del hombre la esperanza quizás perdida. Cada vida es una trasformación de la sociedad que inicia en la familia. Es así que cada vez que la mujer acepta la llegada de un hijo, hace presente la esperanza entregada por Jesús de Nazaret.
La esperanza que se va forjando en el proceso del crecimiento, recordemos lo que dice el evangelista Lucas, cuando María y José encuentran a Jesús que se había perdido en el templo: “Bajo con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndolos. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en aprecio ante Dios y ante los hombres” (151-52). Misión de los padres educar y trasmitir la fe que han recibido. Pero no olvidemos que la madre está siempre más cerca de los hijos, es María la primera que trasmite su fe, su esperanza y su amor, en el Dios que es fiel a sus promesas. La madre tiene la misión de educar y trasmitir lo que cree, para entregar al mundo y a la Iglesia varones y mujeres comprometidos y comprometidos a construir el Reino de Dios en medio de los hombres.
Pero la buena madre, la madre que se entrega a su misión nunca abandona a sus hijos, están siempre presentes para escuchar y sobre todo para acompañar. María silenciosa junto a la cruz nos habla de la fidelidad que ha entrega al proyecto de Dios. Ella nos enseña que no se puede perder la esperanza, que cuando se ha obrado bien, a la luz del evangelio, Dios no tarda en actuar. La confianza de María, es en sí la confianza en sí misma por haber sido obediente a la voz de Dios.
Apreciados hermanos y hermanas, la presencia de María en nuestra fe es fundamental e indispensable, no porque sea una diosa, sino porque es una verdadera discípula de su hijo Jesús el Cristo. Es su discipulado el que admiramos y queremos imitar, cada día que nos acercamos a ella podríamos escuchar: “Hagan lo que Él les diga”(Lucas 25).
Con estas palabras referentes a María, queremos decirles a todas las madres GRACIAS, por: su entrega, por su compromiso, por su amor, por su generosidad, por su servicio, por ser lo que son…

Por: Alejandro Perdomo SDS

sábado, 7 de mayo de 2011

DOMINGO 08 DE MAYO

Lucas  24: 13 - 35

13
Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén,
14
y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado.
15
Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos;
16
pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.
17
El les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido.
18
Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?»
19
El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo;
20
cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron.
21
Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó.
22
El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro,
23
y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía.
24
Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.»
25
El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas!
26
¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?»
27
Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.
28
Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante.
29
Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse con ellos.
30
Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.
31
Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado.
32
Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»
33
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos,
34
que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!»
35
Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.



«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»  …. Fueron las palabras de los dos discípulos cuando habían reconocido que el peregrino que iba con ellos por el camino y con quien habían compartido el pan, era el mismo Jesús, el cual había resucitado.
Fue desde el dialogo con Jesús, es decir desde el encuentro con la Palabra en el que los discípulos fueron sintiendo que en esas “palabras” había algo especial que impulsa a seguir escuchando, es por ello que cuando el peregrino intenta seguir su camino, los dos hombres le invitan a quedarse con ellos, pues “está atardeciendo y del día va de caída”.
Hay momentos en nuestras vidas en las que sentimos que la oscuridad llega o se acerca, “atardece y el día cae”. Al igual que los discípulos, que sentían oscuridad en sus vidas, y que su esperanza caía; al encontrarse con la Palabra hecha carne, el mismo Jesús, y que con sus propias palabras al explicarles las escrituras hizo que ardieran sus corazones, así mismo hoy, la palabra nos invita a redescubrir el mensaje de salvación que existe en el encuentro y escucha de la Palabra Divina.
Pues, es en la apertura a la escucha de la Palabra en la que podemos reencontrar sentido a nuestras vidas y alimentar nuestra esperanza. Pero también, al encontrarnos con Jesús en la Eucaristía que se parte y comparte, nuestros ojos se abren y reconocemos aún más y mejor que el Resucitado está presente para darse en Palabra de Vida, en su Cuerpo y Sangre, alimento que nos sana.
Queridos hermanos, la invitación es a que nos dejemos interpelar por la Palabra que siempre es viva y actuante, el Señor siempre tiene algo que decirnos, por eso les invito que al igual que los discípulos de Emús sintieron el ardor de sus corazones al escuchar a Jesús, hoy también lo sigamos escuchando y compartiendo en cada eucaristía y en cada encuentro que tengamos a diario con quienes caminan junto a nosotros.
Permite que tu corazón arda, que se apasione y te disponga a seguir caminando como el peregrino que camina hacia la felicidad compartiéndola siempre con quienes se encuentra en la cotidianidad de su vida, compartiendo el pan de la palabra y el pan corporal, que se integran siempre en cada una de nuestras vidas.

martes, 3 de mayo de 2011

LA ESPOSA ES EL SOL DE LA FAMILIA

La esposa viene a ser como el sol que ilumina a la familia. Oíd lo que de ella dice la sagrada Escritura: Mujer hermosa deleita al marido; mujer modesta duplica su encanto. El sol brilla en el cielo del Señor, la mujer bella en su casa bien arreglada.
Sí, la esposa y la madre es el sol de la familia. Es el sol con su generosidad y abnegación, con su constante prontitud, con su delicadeza vigilante y previsora en todo cuanto puede alegrar la vida a su marido y a sus hijos. Ella difunde en torno a sí luz y calor; y, si suele decirse de un matrimonio que es feliz cuando cada uno de los cónyuges, al contraerlo, se consagra a hacer feliz, no a sí mismo, sino al otro, este noble sentimiento e intención, aunque les obligue a ambos, es sin embargo virtud principal de la mujer, que le nace con las palpitaciones de madre y con la madurez del corazón; madurez que, si recibe amarguras, no quiere dar sino alegrías; si recibe humillaciones, no quiere devolver sino dignidad y respeto, semejante al sol que con sus albores alegra la nebulosa mañana, y dora las nubes con los rayos de su ocaso.
La esposa es el sol de la familia con la claridad de su mirada y con el fuego de su palabra; mirada y palabra que penetran dulcemente en el alma, la vencen y enternecen y alzan fuera del tumulto de las pasiones, arrastrando al hombre a la alegría del bien y de la convivencia familiar, después de una larga jornada de continuado y muchas veces fatigoso trabajo en la oficina o en el campo o en las exigentes actividades del comercio y de la industria.

La esposa es el sol de la familia con su ingenua naturaleza, con su digna sencillez y con su majestad cristiana y honesta, así en el recogimiento y en la rectitud del espíritu como en la sutil armonía de su porte y de su vestir, de su adorno y de su continente, reservado y a la par afectuoso. Sentimientos delicados, graciosos gestos del rostro, ingenuos silencios y sonrisas, una condescendiente señal de cabeza, le dan la gracia de una flor selecta y sin embargo sencilla que abre su corola para recibir y reflejar los colores del sol.

¡Oh, si supieseis cuán profundos sentimientos de amor y de gratitud suscita e imprime en el corazón del padre de familia y de los hijos semejante imagen de esposa y de madre!
De una alocución del papa Pío doce a los recién casados

lunes, 2 de mayo de 2011

RETIRO DE MAYO

1.       Disponibilidad
Debemos buscar un espacio y un tiempo apropiado para realizar esta meditación. Podemos buscar también una buena música de fondo que nos ayude en los momentos de meditación. Es muy oportuno preparar un lugar de oración, puede usted llamarle altar; puede ser con una imagen de Jesús o un santo o una de las advocaciones de la virgen María, con flores y velas.
2.       Cruzar el umbral
Tratemos de dejar todo lo que no es oportuno para el momento del encuentro con el Señor, crucemos el umbral de la bulla y de las preocupaciones. Los retiros son los momentos oportunos para encontrarnos con el Señor y descubrir cómo va mi seguimiento.  
3.       Oración Inicial
Es el momento de estar frente al altar y cerrar los ojos y pensar en Dios, puedo repetir la palabra “Dios” o la frase “Dios acompáñame”, con cierta frecuencia para ir entrando en la dinámica de oración y de retiro. Cuando sienta que ya estoy con la presencia de Dios, sencillamente hago una oración espontánea invocando la presencia de la Santísima Trinidad. Después puedo leer el salmo 86.
4.       Reflexión
Para este retiro te proponemos la meditación del ciego de Jericó. Con este pasaje bíblico queremos que respondas a las preguntas: ¿Cómo estoy en el camino? ¿Qué estoy haciendo para dejarme encontrar o salir al encuentro? ¿Con quién quiero estar? ¿Qué grito?
Marcos  10: 46 - 52

46
Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino.
47
Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: «¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!»
48
Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
49
Jesús se detuvo y dijo: «Llamadle.» Llaman al ciego, diciéndole: «¡Animo, levántate! Te llama.»
50
Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.
51
Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: «¿Qué quieres que te haga?» El ciego le dijo: «Rabbuní, ¡que vea!»
52
Jesús le dijo: «Vete, tu fe te ha salvado.» Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.


Ahora encontraras la meditación por partes de este evangelio, aprovéchala y escribe tu propia meditación.
Ø  Acompañado: Deseo Señor sentir tu compañía, deseo sumarme a todos aquellos que caminan contigo. Es indispensable que los que te seguimos de verdad estemos atentos a tus palabras a tus pasos, que no busquemos caminar solos sino que tú, junto con otros, caminemos unidos.
Ø  Junto al camino: Sí hay muchas situaciones que me separan del grupo, me pone al lado del camino, porque tengo ceguera. Aun soy débil y hago lo que no quiero hacer.  
Ø  Se puso a gritar: Tú y yo Señor conocemos muy bien mis debilidades, mis flaquezas y mis muchas caídas, por eso te grito con fuerza “Hijo de David, ten compasión de mí”. Señor busco con mucho gusto quedarme en el grupo, no salir de nuevo a la orilla del camino, que tu misericordia escuche mi grito y me una a todos los que camina junto a ti.
Ø  Lo reprendían: muchos no desean que vuelva a entrar en el camino, quieren que el mal cada día me alejen de tu presencia. Por todos los que de una u otra manera quieren acallar mi deseo de unirme al grupo los pongo en tus manos y seas tú el que los bendiga.
Ø  Ánimo levántate, que te llama: Gracias Señor, yo te bendigo porque siempre encontramos a alguien que nos trasmite tu voluntad. Gracias por esos que me dieron ánimo, por aquellos que me ayudaron a levantarme, por aquellos que me dijeron que tú, buen Maestro, me llamabas. Pero aún muchas más gracias por acudir a mi llamado, a mi clamor.
Ø  Él, arrojando su manto, se levantó rápidamente y se acercó a Jesús: pero también te digo Señor perdóname, porque en muchas ocasiones mi respuesta es lenta y temerosa, no suelto el manto (las seguridades) fácilmente y si lo suelto estoy pensando en él o cómo lograr otro. Le doy muchas vueltas a la respuesta de tu llamada y temo encontrarme en la inseguridad de la vida. De verdad te digo Señor que quisiera seguirte sin ningún miedo sin ninguna preocupación, entregarme por entero a tu llamado.
Ø  ¿Qué quieres que haga por ti?: lo que más deseo es que tu amor lo siga sintiendo cada día, que tu misericordia la experimente cada mañana cada tarde y cada noche. Señor quiero que yo sea un instrumento tuyo y por tanto un instrumento de la Iglesia, que a pesar de mis culpas, las cuales con tu ayuda espero superar, pueda entregar tu mensaje para que muchos te amen.
Ø  Vete, tu fe te ha salvado: Señor cada día, cada mes, cada año, he sentido que me dices “Sí yo te llamo y te quiero construyendo mi reino”. Pienso que tu respuesta es y sigue siendo muy positiva, gracias. Que tú conoces mi fe y por eso me das la salvación.  

5.       Meditación
Es el momento de realizar la meditación de lo que siente que Dios te quiere decir con este evangelio. Recuerde que la reflexión realizada sólo es una luz, tu deber es escribir tu propia reflexión que  te ayude a obtener una verdadera meditación.  
6.       Oración final
Es oportuno realizar la oración final dando gracias a Dios por todo los bienes recibidos en esta meditación. Agradecerle por su disponibilidad para nuestro retiro hoy. Y como también en esa oración lograr mostrar los logros alcanzados.
Éxitos en tu retiro. Gracias por estar aquí y por aprovechar este medio para utilizar esta propuesta de retiro. Un abrazo Fraterno. 

domingo, 1 de mayo de 2011

FELIZ DÍA TRABAJADORES


Un saludo muy especial a todos los que tiene un trabajo y hoy pueden decir soy TRABAJADOR. Qué bueno es poder tener un trabajo que le ayude a dignificar su existir y el existir de los suyos. Gracias a la presencia de Dios en sus vidas.

También queremos saludar a todos los que teniendo un trabajo no ganan lo justo. Sepan que Dios los acompaña y sufre con usted por esa injusticia. No te desanimes y busca la dignidad, no permitas que la injusticia reine. Ánimo, "No tengas miedo" Él está con todos hasta el fin del mundo.

Saludamos a los que no gozan de un trabajo, por una u otra razón, que sufren cada mañana por no saber qué hacer, por que las deudas y las necesidades básicas son cada día mayores. No olvide que Dios te ama y quisiera hacer cualquier cosa por ayudarte; tú no puedes perder la esperanza y ni olvidar que existe un ser con una mayor presencia que te alienta cada día, y sale contigo a la búsqueda del trabajo. Él también es un desempleado.

Y por último saludamos a todos los que tienen el compromiso social de tener trabajadores a su cargo. Les invitamos, a la luz del evangelio, a siempre buscar la dignidad y la justicia con los trabajadores que tiene a su cargo. Sepan que Dios los ha puesto en esa misión y no puden actuar cómo si ni fueran hijos de Dios. A tí empleador te pedimos que busques siempre mostrar tu fe y tu amor en cada uno de los trabajadores.


A TODOS FELIZ DÍA DEL TRABAJO

TE REGALAMOS ESTE HIMNO QUE TE AYUDARÁ A AMAR TU MISIÓN COMO TRABAJADOR(A)

Sentencia de Dios al hombre
antes que el día comience:
"Que tu pan no venga a tu mesa
sin el sudor de tu frente.
Ni el sol se te da de balde,
ni el aire por ser quien eres:
las cosas son herramientas
y buscan quién las maneje.
El mar les pone corazas
de sal amarga a los peces;
el hondo sol campesino
madura a fuego las mieses.
La piedra, con ser la piedra,
guarda una chispa caliente;
y en el rumor de la nube
combaten el rayo y la nieve.
A ti te inventé las manos
y un corazón que no duerme;
puse en tu boca palabras
y pensamiento en tu frente.
No basta con dar las gracias
sin dar lo que las merece:
a fuerza de gratitudes
se vuelve la tierra estéril." Amén.